Lord Dunsany, el Bardo de lo Fantástico

Entonces dijo Leothric: “¿Quién es Tharagavverug, y donde se le puede encontrar?”

Y el mago de Allathurion respondió: “Es el dragón-cocodrilo que acecha por los marjales del Norte y hace estragos en los hogares de sus márgenes. Y la piel de su lomo es de acero, y sus partes inferiores son de hierro; pero a lo largo de la sección central de su lomo, sobre su espina dorsal, se halla una delgada franja de acero ultraterreno. Esa franja de acero es Sacnoth, y no puede ser hendida ni fundida, y no hay nada en el mundo capaz de romperla, ni tan siquiera dejar un rasguño en su superfície…

La Fortaleza Invencible, Salvo que Sacnoth la Ataque, Lord Dunsany

Es indiscutible que el género fantástico goza de una popularidad inmensa en la actualidad, como demuestra el éxito de fenómenos literarios como la trilogía de El Señor de los Anillos o la saga Canción de Hielo y Fuego, así como de sus respectivas adaptaciones cinematogràficas o televisivas. Lamentablemente, muchos de los autores y títulos que dieron forma al género y sobre los que autores más recientes han edificado su obra han quedado relegados al olvido o se han visto eclipsados por la sombra de gigantes como Tolkien. Sin embargo, las recientes tendencias críticas y académicas –marcadas por una actitud cada vez más aperturista hacia la literatura fantástica y la ciencia-ficción– han permitido que algunos de esos nombres sean restituidos al lugar que les corresponde como pioneros y originadores de la fantasía literaria moderna. Sin duda, uno de los más prominentes entre todos ellos es el del poeta, novelista y dramaturgo Edward John Moreton Drax Plunkett, más conocido por su aristocrático nom de plume: Lord Dunsany. Continue reading

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¿Malditos invasores?

Estamos tan acostumbrados a ciertas cosas que a veces nos negamos a creer la realidad cuando la presentan ante nosotros. En plena época de plagas del Mosquito Tigre o el Mejillón Cebra (Aedes albopictus y Dreissena polymorpha respectivamente), el CSIC recientemente añadió a la lista de dichas especies invasoras el cangrejo de río. Pero no el americano, fuente de iras y maldiciones de ecologistas, sino al que todos con orgullo patrio llamaban “autóctono”. Y a todos se les ha quedado cara de no poder creerlo, porque como decimos aquí, ése es “el de toda la vida”, el que se lleva años intentando proteger.

Aedes Albopictus.jpg

Mosquito Tigre, actualmente se piensa que se desplaza únicamente introduciéndose en los coches.

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El Mejillón Cebra está causando graves problemas en embalses. Se cree que el uso de barcas de una cuenca hidrográfica a otra es el causante de su gran expansión

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De Cabiria (1914) a La Legión del Águila (2011): la recepción contemporánea del ejército romano a través del Séptimo Arte

Hace poco más de una semana tuve la oportunidad de conocer al padre de un amigo. Al entablar conversación me preguntó a que me dedicaba y le hablé sobre mi proyecto de tesis en el que estoy inmerso desde hace unos pocos meses: “la representación de la guerra en Roma a través del cine”. Al principio se quedó un poco sorprendido, quizá no asimiló qué era lo que podía ser investigado sobre ese tema. En cualquier caso, continuó diciendo que le gustaba el cine de romanos, y enseguida recordó que unos días antes había leído un artículo en el periódico sobre una batalla en un bosque de la actual Alemania donde los romanos sufrieron una gran derrota (casi con total seguridad, se refería a la masacre de tres legiones en Teutoburgo). La frase que dijo a continuación me pareció cuanto menos interesante y me hizo reflexionar: “claro todos hemos visto lo fuertes que eran las legiones en los primeros diez minutos de Gladiator, pero parece ser que no siempre vencían”. Continue reading

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Rusos, señoras inglesas y máquinas tragaperras

Hace poco más de un siglo, sucedió un hecho la mar de curioso, pero muy significativo de cómo funcionan los rumores y la psicosis colectiva en la Historia. Resulta que entre agosto y septiembre de 1914, en el inicio de eso que más tarde se daría a llamar Primera Guerra Mundial, una extraña historia recorría todo el Reino Unido: casi un cuarto de millón de soldados rusos se encontraba recorriendo el país para atacar, de improviso, a los alemanes en Bélgica.

Paul Weber - El Rumor (1969)

Paul Weber – El Rumor (1969)

 

Imaginad por un momento la situación: acaba de estallar la guerra en Europa y los nervios están a flor de piel. Las noticias se convierten rápidamente en rumores y lo increíble resulta ser sólo una variante un poco subida de tono de lo cotidiano. Y en Inglaterra, donde siempre ha existido una fobia patológica a las invasiones, el rumor de los 250.000 soldados rusos que cruzaban el país de incógnito era mucho más de lo que las buenas gentes de Albión podían soportar. Aquí y allá, por todas partes, el rumor iba ganando en detalles. En ese tipo de detalles que dan la credibilidad adecuada a un suceso que, sin ellos, sería ciertamente estrambótico.  Continue reading

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Brujas, Bardos y Batallas: La Épica Finlandesa del Kalevala

El viejo, el impasible Vainamoinen, resolvió ir a las heladas regiones de la sombría Pohjola…

Desde tiempos remotos, el brumoso y frío norte de Europa ha sido un entorno duro en el que labrarse una existencia. Ese carácter agreste y hostil se ha visto reflejado, como no podía ser de otra manera, en el carácter de las culturas que allí han florecido, y también en la visión mítica que esos pueblos tenían del mundo. El atractivo misterioso de la mitología nórdica -con sus dioses, dragones, gigantes, elfos, enanos y valkirias- es de sobra conocido entre los aficionados al género fantástico. Sin embargo, los mitos de la vecina Finlandia son quizá menos populares, pero eso no los hace menos apasionantes, como demuestra el rico tapiz de historias y leyendas recopilados en la epopeya nacional finlandesa: el Kalevala. Continue reading

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Cristóbal Colón, de profesión emprendedor

No, no nos ha afectado el calor y tampoco nos encontramos ante una nueva hornada de películas patrias como El Cid Cabreador  o Cristóbal Colón, de oficio… descubridor. Tranquilos, no van por ahí los tiros, esta semana al menos.

Hoy, nos gustaría compartir con vosotros la conferencia inaugural que se impartió hace unos días en el marco de la Escuela de Verano de la Fundación ORP. Aunque esta Escuela de Verano llevara como tema un título tan alejado – en principio – del espíritu de esta página como puede ser Liderar la Seguridad Vial: Casos de éxito en la Gestión de la PRL de grandes empresas y organizaciones, lo cierto es que la conferencia que abrió el evento se sitúa de lleno en un territorio que nos es bien conocido.

De la mano del profesor Rodrigo Moreno Jeria, de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, y con el título Cristóbal Colón, viajes de ida y vuelta, se trazó una visión de la preparación y desarrollo del primer viaje de Colón desde el punto de vista histórico pero incorporando, al mismo tiempo, conceptos del mundo de la empresa, de la prevención de riesgos laborales y de cálculos de seguridad. Desde luego, como podéis intuir, una visión nada convencional del asunto.

Afortunadamente, los contenidos de la Escuela de Verano se pueden consultar de manera gratuita hasta finales de mes, en el Campus UPCplus, así que si os puede la curiosidad sobre el tema, estáis de suerte. En este enlace podéis acceder al curso completo o, si lo preferís (entendemos que la seguridad vial en las grandes empresas puede no ser un tema que levante pasiones veraniegas), acceder directamente a la conferencia inaugural a través de este otro enlace: Cristóbal Colón, viajes de ida y vuelta

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Crisis de ayer y de hoy: Revueltas sociales en la Baja Edad Media.

La historia es una intervención interpretativa que liga pasado, presente y futuro en un compromiso vital. Estamos viviendo un periodo de crisis económica que, al igual que en épocas anteriores, ha movilizado a los sectores más perjudicados. Estudiar historia es un medio para comprender el análisis del presente, si no nos esforzamos por comprender el sistema de vida de hoy, nos resulta difícil entender a la gente de hace quinientos, mil o tres mil años, y viceversa, ya que han influido en el entorno actual y de la sociedad de la que formamos parte.

Como medievalista, quiero hacer mención  a los modelos de revueltas que acontecieron en la Baja Edad Media. En los siglos XIV y XV, un conjunto de revueltas simultáneas, tanto en el medio rural como el urbano, fueron provocadas dentro de un contexto de crisis (política, militar y social), de impopularidad de la nobleza, miseria reinante en el campo y las luchas por tener acceso a los gobiernos municipales. En el siglo XIV, destacan las revueltas campesinas que sacuden el Flandes Marítimo (1323-1328) con resonancias urbanas entre bataneros y tejedores de Brujas e Yprés;  los disturbios de Roma en 1354;  la insurrección liderada en Paris por el mercader Étienne Marcel que se une al levantamiento de la Jacquerie en 1358; el movimiento de los ciompi (cardadores de lana) de Florencia en 1378 y la rebelión antiseñorial de Wat Tyler en Inglaterra (o Gran levantamiento de 1381). Continue reading

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La voluntad de una generación

La Historia nunca se cansa de enseñarnos que en ocasiones la voluntad de unos pocos puede conseguir cosas verdaderamente importantes, muchas veces luchando con considerables dificultades. Desde luego, el ejemplo que traemos hoy aquí no es una revolución que haya transformado la historia de un país, no es una victoria bélica que haya cambiado el curso de una guerra, no es un descubrimiento científico que haya trastocado los cimientos del mundo tal y como se conocía. No, no es nada de eso; pero es algo que a los pocos afortunados que hemos hecho del mundo de las humanidades —de los studia humanitatis— no sólo nuestra afición sino nuestra vocación laboral, nos trae una sonrisa a los labios. Es, simplemente, un titánico esfuerzo que ha tenido, tiene y tendrá merecidos, hermosos y jugosos frutos. Continue reading

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Antes de Tolkien: Las Raíces de la Fantasía Moderna

Para un gran número de lectores, la narrativa fantástica moderna tiene sus principios en la obra de J.R.R. Tolkien (1892-1973). El mundialmente reconocido creador de la Tierra Media, cuya historia queda brillantemente relatada en El Hobbit (1937), El Señor de los Anillos (1954-55) y El Silmarillion (1977), no sólo situó en el mapa literario el género fantástico sino que al hacerlo dejó una huella imborrable, una línea divisoria en los anales de la fantasía moderna. Sin duda alguna existe un antes y un después de Tolkien, pero si bien sus sucesores (desde los de mayor mérito literario y artístico hasta los centenares de imitaciones comerciales y derivativas) se han labrado un lugar en los estantes de librerías de todo tipo, sus antecesores más directos han quedado en gran medida eclipsados por la larga sombra del genio de Oxford.

Huelga decir que la literatura fantástica no empezó con Tolkien, sino que sus raíces se remontan a los mismos orígenes de la escritura. Tolkien, en su condición de especialista en literatura medieval, sabía perfectamente que el ser humano ha ejercido sus dotes imaginativas desde su más tierna infancia, llenando con su inventiva los oscuros recovecos que la razón no podía alcanzar. Gran parte de las narraciones que nos han llegado desde el mundo antiguo –desde la Odisea de Homero a la Epopeya de Gilgamesh– son fábulas sobre héroes, dioses y monstruos, que enfrentan al hombre con fuerzas desatadas y sobrenaturales que aparentemente le sobrepasan. Otro tanto puede decirse del poema anglosajón Beowulf, del que Tolkien fue uno de los mayores expertos: el héroe debe enfrentarse a varios monstruos, entre los que se encuentra un terrible dragón.

Esta tradición heroica tendría su continuidad en el rico caldo de cultivo de la literatura medieval. Los romances caballerescos, que rápidamente desplazaron en popularidad a formas épicas anteriores como los cantares de gesta, muestran una enorme fascinación por la magia y lo fantástico, y se alejan de narrar grandes guerras que deciden el destino de naciones para centrarse en las búsquedas heroicas e individuales de sus nobles y honorables protagonistas. Los romances más populares giraban en torno a la Materia de Bretaña, que comprende las leyendas artúricas heredadas del acervo cultural celta y reformuladas según la óptica medieval[1]. Entre ellos se encuentra Sir Gawain y el Caballero Verde, poema narrativo cuya primera edición moderna y posterior traducción corrieron a cargo del mismísimo Tolkien. No es de extrañar que el profesor, sintiéndose heredero y deudor de esta tradición, afirmara en más de una ocasión que El Señor de los Anillos queda mejor definido como un romance heroico que como una novela.

Otra muestra de esta corriente fantástica medieval que también sirvió de fuente de inspiración para Tolkien la encontramos entre las brumas de la Europa septentrional. Los ciclos islandeses como la Völsunga Saga o las Eddas ­–tanto la Poética como la Edda en Prosa de Snorri Sturluson– giran alrededor de elementos míticos y heroicos, y la Edda de Snorri en particular se erige como un verdadero compendio de mitología nórdica, un legado del antiguo paganismo norte-europeo recopilado más de doscientos años después de que Islandia fuera cristianizada. Tolkien recurrió sin reservas a las sagas nórdicas para dotar a su creación de una potente resonancia mítica, y su influencia se puede vislumbrar a lo largo de toda su obra, desde las razas legendarias de los elfos y los enanos[2] hasta la figura odínica del peregrino errante que encontramos en el mago Gandalf.

 

Prose Edda

Cubierta de una versión de la “Edda en Prosa”, manuscrita en el s. XVIII,

mostrando figuras mitológicas como Odín, Heimdall y Sleipnir

De la misma manera, el folklore popular y los cuentos de hadas forman parte también de la prolongada relación del ser humano con los mundos de la fantasía, y su influencia dentro de la historia del género fantástico no es menor por tratarse de una tradición fundamentalmente oral. Ese rico patrimonio oral empezó a ser recopilado y preservado sobre el papel por los grandes folkloristas de los siglos XVIII i XIX, encontrándose los célebres Hermanos Grimm entre los más destacados. Ese volcado a la página escrita, unido al clima cultural del romanticismo imperante en la época, hizo posible que el cuento de hadas viviera su transición de relato de comadres a forma de arte, como demuestra el Kunstmärchen, el cuento de hadas literario que surgió durante el romanticismo alemán y fue practicado por autores como Ludwig Tieck. Dicha transición supuso la aparición de cuentos de nueva hechura, no surgidos de la imaginación popular y anónima sino del puño y letra de autores concretos, con unos valores estéticos determinados y una clara vocación literaria. Nos hallamos, ahora sí, ante las verdaderas raíces de la fantasía moderna.

Entre los primeros autores que practicaron formas literarias como el Kunstmärchen, como el mencionado Tieck, y la irrupción en escena de J.R.R. Tolkien, existe una generación ­–no me atrevo a calificarla de perdida– de escritores que contribuyeron enormemente a la génesis de la fantasía como género literario para adultos. Algunos de ellos constituyeron fuentes de inspiración para Tolkien, mientras que otros probablemente pasaron inadvertidos para el profesor, pero en cualquier caso el legado de dichos autores demuestra que un género fantástico variado y heterogéneo existía y gozaba de buena salud antes de la llegada de nuestros queridos hobbits.

El escocés George MacDonald (1824-1905) se encuentra entre los pioneros de la fantasía tanto para adultos como en su vertiente infantil. Sus novelas Phantastes (1858) y Lilith (1895) contienen elementos alegóricos y religiosos, pero sin duda es mucho más conocido por sus novelas de corte juvenil como The Princess and the Goblin (1871) –que influyó en la representación de los trasgos de la Tierra Media- y sus relatos fantásticos como The Golden Key (1867). Otro escocés, Andrew Lang (1844-1912), ha pasado a la historia principalmente por sus recopilaciones de cuentos de hadas versionados por sí mismo; sin embargo, en su faceta menos conocida es también el autor de fantasías para niños (The Gold of Fairnilee, 1888) y para adultos (That Very Mab, 1885). El británico William Morris (1834-1896) es otro de los autores que, a pesar de haber quedado relegado prácticamente al olvido para el gran público, supuso una influencia inmensa para la forma del género en su totalidad. Sus obras más conocidas, The Wood Beyond the World (1894) y, sobre todo, The Well at World’s End (1896) presentan la arquetípica búsqueda heroica a través de un mundo completamente imaginario pero a la vez realista y verosímil. Y por supuesto, no es posible formular una relación de pioneros de lo fantástico sin mencionar a Lord Dunsany (1878-1957), uno de los pocos autores que ha conservado una relativa popularidad gracias a obras como The Gods of Pegana (1905) o The King of Elfland’s Daughter (1924). Por supuesto, los escribas de lo fantástico no estaban confinados al viejo mundo, y al otro lado del Atlántico encontramos a autores como Abraham Merrit (1884-1943), un autor fraguado en las revistas pulp y todo un clásico de la fantasía en su vertiente más aventurera, como demuestra en títulos como The Moon Pool (1919) y The Ship of Ishtar (1926), o a James Branch Cabell (1879-1958), autor prolífico de ensayos, novelas y poesía cuyas obras dentro del género parten de aspiraciones más literarias. Entre ellas cabe destacar Domnei (1920), The Silver Stallion (1926) y Something About Eve (1927).

Goblin and the Princess

“The Goblin and the Princess”, de George MacDonald, inspiración directa de los trasgos de Tolkien.

Ilustración de Nick Harris. 

 

Evidentemente, son muchos los pioneros de lo fantástico que se quedan en el tintero. Si algo pretende demostrar este breve listado es que existía una corriente vibrante y activa, deudora de una larga tradición, mucho antes de que Tolkien llevara la fantasía hasta las más altas cotas de popularidad y prestigio. Los autores mencionados en este artículo, así como la larga lista que ha quedado por nombrar, no podrían en modo alguno definirse a sí mismos como “escritores de fantasía”, como si pueden los sucesores de Tolkien. No formaban un movimiento literario, ni una generación a la vieja usanza; se trataba más bien de un grupo ecléctico de individuos que lo único que tenían en común era su deseo de abandonar los confines más seguros de la literatura y explorar las sendas menos holladas. La grandeza de Tolkien, su genialidad, radica precisamente en su manera de hilvanar todos los elementos heredados de aquellos que le precedieron, desde las sagas de la antigüedad a los romances medievales a sus predecesores más directos, y tejer con ello un tapiz único e inigualable, dotando así a la fantasía de un alcance y una profundidad jamás lograda anteriormente, y que difícilmente volverá a repetirse.

[1] Una buena muestra de los antecedentes celtas del mito artúrico lo encontramos en el Mabinogion galés (colección de historias recopiladas en los s. XII y XIII), donde Arturo aparece en varias de las historias en calidad de rey o jefe guerrero.

[2] Como ejemplo, nótese que Tolkien extrajo los nombres de casi todos los enanos de la Tierra Media, así como el del propio Gandalf, directamente del Völuspá, el primer poema de la Edda Poética.

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La eternidad en un soneto de Shakespeare

Nadie que haya frecuentado la poesía inglesa podrá olvidar el pareado final del soneto XVIII de Shakespeare[1]. Tras buscar en vano paralelismos entre la belleza de la persona amada y un día de verano  (“Shall I compare thee to a summer´s day…?”), el poeta opta por afirmar su propio verso, su poesía misma, como único espacio en el que se podrá preservar eternamente la persona amada, más allá del mundo natural y, sobre todo, más allá de la sombra de la muerte (“…nor shall Death brag thou wander´st in his shade”). Se llega así a la memorable conclusión final.

“So long as men can breathe or eyes can see,

So long lives this, and this gives life to thee”.    Continue reading

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