El dinosaurio gentil

La cetrería fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 16 de noviembre 2011 gracias a la aportación de 13 países. Mucho hemos recorrido aves y homínidos desde aquellas estepas de Asia central donde halcones y águilas seguían a los rebaños de los pastores nómadas, aprovechándose de las aves y pequeños mamíferos que asustaban a su paso. Entonces eran las rapaces quienes utilizaban al ser humano.

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Sello húngaro de 1971 conmerando el arte de la cetrería.

Fuente: Wikimedia

Fue en esas mismas zonas del planeta donde se descubrió que las aves son dinosaurios, auténticos fósiles vivientes, descendientes de algo parecido al temido velociraptor de las películas de Spielberg, aunque mucho más pequeño (1). Era algo que lógicamente, no podía saber el hombre de la Edad Media, pero fue lo único, porque la bibliografía nos dice que nadie ha estudiado nunca las rapaces como lo hicieron ellos. Federico II Hohestaufen elaboró ya en el siglo XIII la obra cumbre (2), De arte venandi cum avibus, manual de ornitología, cetrería y veterinaria centrada exclusivamente en aves. A él se pueden sumar si hablamos de la Península Ibérica El libro de la caza escrito por el infante Juan Manuel o el Libro de la caza de las aves del cronista Pedro López de Ayala, influidos ambos dos por el primero (3).

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Federico II Hohestaufen con halcón, De arte venandi cum avibus

Fuente: Wikimedia

La relación del hombre con otros seres vivos a los que ha conseguido “amansar” sin intención de que le sirvieran de alimento, se basa en  un mutualismo algo descompensado. Nosotros aprovechamos las aptitudes de un animal para alguna tarea y éste, a su vez, recibe resguardo y alimento periódicamente de la mano de su cuidador. Para ello se escoge habitualmente animales sociales, acostumbrados al contacto con otros individuos, como caballos, cabras, perros o bueyes. Pero en la cetrería esa relación es todavía más especial. Halcones, azores, gavilanes, esmerejones y demás rapaces son aves solitarias, que generalmente se emparejan de por vida, por tanto una vez capturados se encuentran en una situación totalmente desconocida, fuera de cualquier contexto para el que su instinto está preparado. De ahí, quizás, que una de las características que más se destacan en la cetrería medieval es el “ánimo” del animal que maneja el halconero. Si es tozuda, cobarde o noble. Tanto es así que el halcón peregrino (falco peregrinus) llega a denominarse en los tratados de la época como halcón gentil y siguiendo esa tradición, hoy el azor común lleva ese calificativo en su nombre científico, Accipiter gentilis.

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Ejemplar de Halcón Peregrino (Falco pelegrinus), llamado gentil. En muchos tratados a esta especie se la denomina también “neblí”, derivación de noble.

Fuente: Wikipedia

Por tanto ¿Por qué mantener aves, en muchos casos difíciles de entrenar y costosas de mantener en momentos en los que no suponen una ventaja real a la hora de obtener alimento? Ayala contesta que al hombre noble “fincábale saberlas regir” y “fincábale saberlas guaresçer e melezinar quando adoleçían o eran feridas”. La “caça”, término que identificaba inequívocamente al uso de éstas aves por oponerlo a la montería, era solamente un aspecto más de la cetrería. A un noble le gustaba ver volar a su ave, le hacía leer el terreno para lanzarla a favor de viento y darle más ventaja para que cobrase la pieza. Le gustaba entrenarla para convertir a su ave en “garçera” y “gruera” y que pudiera atacar aves que triplican su tamaño y además cuidarla si resultaban herida en el lance. Le hacía ser más noble.

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Escena del Codex Manesse en la que se observa la caza de garzas reales con halcones.

Fuente: Wikimedia

El cetrero medieval se insertó en la naturaleza de una manera como no lo ha vuelto a hacer el ser humano, siendo al mismo tiempo actor y espectador humilde del desarrollo natural de los acontecimientos. Y todo con sus gentiles dinosaurios en la mano.

 

(1) Turner, Alan H. (Alan Hamilton); Makovicky, Peter J.; Norell, Mark. A review of dromaeosaurid systematics and paravian phylogeny. (Bulletin of the American Museum of Natural History, no. 371)

(2) Egerton, F (2003), “A History of the Ecological Sciences” , Bulletin of the Ecological Society of America (Esa pubs) 84 (1): 40–44.

(3) Fradejas Rueda, José Manuel, «La influencia del De arte venandi cum avibus de Federico II en el Libro de la caza de Juan Manuel», en Los libros de caza. Seminario de Filología Medieval, Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal, Universidad de Valladolid, 2005, págs. 41-54.

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La estructura del Infierno de Dante

VERSIÓ CATALANA.

Aprovechando la inminencia de la llegada del Día del Libro, os preguntamos en nuestra cuenta de Twitter cuál era vuestro libro favorito.

Rosa Cassi nos recomendó La Divina Comedia: “Siempre y por la eternidad”, que es mucho tiempo. Muchísimo tiempo. Me da vértigo, a mí, que se me hace largo cuando espero al autobús.   Conocéis de sobra el argumento de la obra: Dante se encuentra perdido en su travesía vital —en un oscuro bosque, metáfora de la crisis moral y espiritual por la que pasa— y se embarca en un viaje a través del mundo de ultratumba, que culmina con la redención y la contemplación de Dios. Es guiado por el poeta clásico Virgilio a través del infierno y el purgatorio y por su amada Beatriz (fallecida en 1290) por el cielo. Dicho todo así, muy sintéticamente, porque todos la hemos leído (si necesitas una versión con más detalles, la encontrarás aquí).   La Divina Comedia es un viaje, real y necesario, hacia la salvación del alma.

Ilustración de Gustave Doré para “La Divina Comedia”. Dante extraviado en el bosque.

Una de las cosas que más me sorprendieron la primera vez que leí La Divina Comedia fue la categorización de los pecados, el orden en el que Dante coloca los círculos del Infierno. Algunos me resultan más opinables que otros, pero no era capaz de comprender por qué razón Dante colocaría en una situación más ventajosa a los asesinos que a los hipócritas. Todo está medido y descrito al detalle; y, en el canto XI, Virgilio detalla y razona la estructura del Infierno. Aquí se encuentran las claves para distinguir las diferentes clases de pecados. La primera es la que lo divide en dos grandes zonas, Alto y Bajo Infierno, según las infracciones pertenezcan a las categorías de incontinencia o malicia.

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Canto V: Dante se compadece de una pareja que ha sido presa de la lujuria.

Los primeros cuatro círculos (lujuria, gula, avaricia e ira) corresponden a pecados nacidos de lo que Dante denomina incontinencia. Son renuncias de la razón ante el deseo, respuestas emocionales y faltas de autocontrol que acarrean la propia destrucción de las personas que incurren en ellas. Lo que las diferencia de los círculos siguientes es que con la malicia hay una intención deliberada de perjudicar a otros y, por tanto, estos pecados deben ser castigados con mucha más severidad. No sólo eso, sino que hemos de usar premeditadamente el intelecto para alcanzar este fin. La razón es un precioso don que Dios concede al hombre, el privilegio divino que nos hace humanos y nos separa de los animales, y bajo ningún concepto debería usarse en perjuicio de nuestros semejantes. Es por ello por lo que Dante considera que los crímenes que implican un esfuerzo intelectual son mucho más graves que los que suponen el uso de la violencia.

Dante habla con los traidores, que se encuentran presos en el hielo.

Dante habla con los traidores, que se encuentran presos en el hielo.

En los dos últimos círculos, más allá del asesinato y la tiranía, se encuentran el fraude y la traición. El fraude se ejerce contra los desconocidos o contra las personas que no son merecedoras de confianza, pero conlleva igualmente el uso deliberado de la inteligencia para obtener un beneficio o realizar algún tipo de mal. Atenta, además, contra el que Dante considera que es lazo de amor fraternal que nos une como seres humanos. La traición, por otro lado, el pecado más terrible, se ejerce en perjuicio de personas con las que se tiene una relación especial de confianza. Aquí encontraréis a los que han traicionado a su familia, su patria, sus huéspedes y sus benefactores. No sólo han roto el vínculo natural de amor existente entre todo el género humano que ya comentábamos hace un momento, sino que van un paso más allá, al romper también el lazo especial de confianza que les une a las personas más cercanas. Y no se limita a ellos, sino que, para Dante, el mal uso del intelecto es una traición a Dios mismo.

"El sueño de Dante ante la muerte de su amada" (Dante Gabriel Rossetti, 1871).

“El sueño de Dante ante la muerte de su amada” (Dante Gabriel Rossetti, 1871).

Como veis, nada queda al azar en el Infierno de Dante y todo está en su sitio. De hecho, si os fijáis un poquito más, veréis que Dante tampoco ha inventado nada y que todo estaba ya en los clásicos: Aristóteles y Cicerón, especialmente, que parecen ser los modelos que sigue para determinar la estructura del Infierno.

Pero todo esto yo no lo sabía todavía la primera vez que leí La Divina Comedia.

 

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Com que heu demanat una versió en català de la web i sóc dels pocs no catalans de l’equip (si no m’equivoco), doncs em trobo en una situació curiosa: he pensat que seria bonic escriure la meva entrada pel bloc també en catalá i no només en castellà —que seria el més còmode i fàcil per a mi—, per què no. Solament us demanaria que fóssiu una mica indulgents amb mi i em perdonéssiu els errors que pogués cometre, ja que el poc que sé ho he après llegint i escoltant música. Som-hi…

Aprofitant que s’apropava Sant Jordi, us vam preguntar quin era el vostre llibre preferit:

La Rosa Cassi ens va recomanar La Divina Comèdia. “Sempre i per l’eternitat”, que és molt de temps. Moltíssim. Em dóna vertigen fins i tot a mi, que se’m fa llarga l’espera al bus.

Coneixeu bé l’argument de l’obra: Dante es troba perdut a la seva travessia vital —a un bosc fosc, metàfora de la crisi moral i espiritual per la qual està passant— i s’embarca en un viatge a través del món d’ultratomba, que culmina amb la redempció i la contemplació de Déu. És guiat pel poeta clàssic Virgili a través de l’infern i del purgatori, i per la seva estimada Beatriu (morta el 1290) pel cel. Dit així, molt sintèticament, perquè tots l’hem llegida (si necessites una versió amb més detalls, la trobaràs aquí).

La Divina Comèdia és un viatge, real i necessari, cap a la salvació de l’ànima.

Una de les coses que més em va a sorprendre la primera vegada que vaig llegir La Divina Comèdia, va ser la categorització dels pecats, l’ordre en què Dante col·loca els cercles de l’Infern. Alguns em van resultar més opinables que d’altres, però no era capaç de comprendre per què Dante col·locaria en una situació més avantatjosa els assassins que els hipòcrites. Tot està mesurat i descrit al detall; i, al Cant XI, Virgili detalla i raona l’estructura de l’Infern. Aquí es troben les claus per distingir els diferents tipus de pecats. La primera el divideix en dues grans zones, Alt i Baix Infern, segons les infraccions pertanyin a les categories d’incontinència o de malícia.

Els primers quatre cercles (luxúria, gola, avarícia i ira) corresponen a pecats nascuts del que Dante denomina incontinència. Són renúncies de la raó davant del desig, respostes emocionals i faltes d’autocontrol que impliquen la pròpia destrucció de les persones que incorren en elles. El que les diferència dels cercles següents és que amb la malícia hi ha una intenció deliberada de perjudicar els altres, i, per tant, aquests pecats han de ser castigats amb molta més severitat. No només això, sinó que cal fer ús premeditadament de l’intel·lecte per aconseguir aquesta fi. La raó és un preciós do que Déu concedeix a l’home, el privilegi diví que ens fa humans i ens separa dels animals, i de cap manera s’hauria d’utilitzar en perjudici dels nostres semblants. És per aquesta raó que Dante considera que els crims que impliquen un esforç intel·lectual són molt més greus que els que suposen l’ús de la violència.

En els dos últims cercles, més enllà de l’assassinat i de la tirania, es troben el frau i la traïció. El frau s’exerceix contra els desconeguts o contra les persones que no són mereixedores de confiança, però comporta igualment l’ús deliberat de la intel·ligència per obtenir un benefici o causar algun tipus de mal. Atempta, a més, contra allò que Dante considera que és el llaç d’amor fraternal que ens uneix com a éssers humans. La traïció, d’altra banda, el pecat més terrible, s’exerceix en perjudici de persones amb les quals es té una relació especial de confiança. Aquí trobareu els que han traït a la seva família, la seva pàtria, els seus hostes i els seus benefactors. No només han trencat el vincle natural d’amor existent entre tot el gènere humà, aquell que ja us esmentava fa un moment, sinó que van un pas més enllà, en trencar també el llaç especial de confiança que els uneix a les persones més properes. I no es limita a ells, sinó que, per a Dante, el mal ús de l’intel·lecte és una traïció a Déu mateix.

Com veieu, res queda a l’atzar en l’Infern de Dante, i tot és al seu lloc.

De fet, si us fixeu una miqueta més, veureu que Dante tampoc ha inventat res, i que tot era ja als clàssics: Aristòtil i Ciceró, especialment, que semblen ser els models que segueix per determinar l’estructura de l’Infern.

Però tot això, jo no ho sabia encara la primera vegada que vaig llegir La Divina Comèdia.

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Los tópicos históricos en el lenguaje

Lo que pensamos acerca de un período concreto de la Historia (la imagen o idea que tenemos de este, en definitiva) se refleja en el uso que damos a las palabras que hacen referencia al mismo, o bien que sitúan algo como característico de dicha época. Por ejemplo, no es nada raro que el adjetivo “cavernícola” sirva para calificar o aludir a ciertas actitudes propias de mentalidades consideradas primitivas, retrógradas, brutales. Sin embargo, ello no hace la más mínima justicia al perfil real, histórico, de los homínidos cazadores-recolectores del Paleolítico, a los que, en el siglo XIX, se bautizó precisamente con el nombre de “hombres de las cavernas”. (1) Algo muy similar a lo que sucede cuando alguien recurre a los términos “Edad Media”, “Medievo” o “medieval”.

Según la Real Academia Española de la Lengua, el significado del adjetivo “medieval” es el siguiente:

(Fuente: Real Academia Española)

A diferencia del de “cavernícola”, cuya segunda acepción recoge el hecho de que equivale coloquialmente a “retrógrado”, “medieval” no tiene en apariencia ningún valor despectivo. Simplemente alude a la etapa histórica que conocemos con el nombre de Edad Media, la definición de la cual, por cierto, no contiene ningún atisbo de desprecio. Pero en sus orígenes el término sí era peyorativo, puesto que se creó para dar nombre al período que iba entre la Antigüedad y el momento de su supuesto redescubrimiento. (2) Y la visión que se tiene de este período hoy en día no es tan aséptica, ni mucho menos, como la reflejada en el diccionario. Así, de un modo similar a lo que sucede con “cavernícola”, el adjetivo “medieval” suele usarse para evocar actos particularmente brutales o sanguinarios. Esto último se ve con mucha claridad en la cobertura que los medios están haciendo de las atrocidades cometidas en nombre del Estado Islámico. En agosto de 2014, por ejemplo, el diario The Daily Beast encabezaba la noticia sobre la decapitación de un periodista norteamericano con un titular que empezaba así: “Crueldad medieval en tiempos modernos”. (3) Meses más tarde, en enero de 2015, la popular publicación satírica El Jueves respondía al asalto al semanario francés Charlie Hebdo mediante el siguiente titular: “Armas del siglo XXI, cerebros medievales, ¡socorro!”. (4)

Desde luego, no puede decirse que la decapitación fuera una práctica exclusivamente medieval. En la Antigüedad, por ejemplo, era bastante común. Por otra parte, la expresión “cerebros medievales” presupone una mentalidad y un proceder brutales que, de entrada, no encajan con los de individuos como Alberto Magno, Tomás de Aquino o Ramon Llull (y ello por citar solo a algunos). De propina, permite también sostener la idea de atraso tecnológico, suficiente para justificar frases tales como “una tormenta solar y de vuelta al medievo”. (5) La afirmación es injusta, tanto si el redactor elige el término “Medievo” como si opta por sustituirlo por “Edad de Piedra”.

Crueldad “medieval”… en la Antigüedad. Perseo decapita a la Medusa, representada con forma de centauro. “Pithos” procedente de las Cícladas (Grecia), hacia 660 a.C., conservado en el Musée du Louvre (Autora: Marie-Lan Nguyen, 2007; Fuente: Wikimedia Commons, uso público).

La intención en la mayoría de casos aquí citados es muy clara, necesaria y, por supuesto, más que loable: denunciar actitudes y acciones repugnantes, y dejar bien claro que estas no tienen cabida en el modelo de sociedad occidental. No obstante, este uso de las palabras referentes a un período determinado de la Historia, más concretamente la Edad Media, trae a la luz otro problema, que no es otro que el de la concepción de una etapa del pasado basada, sobre todo, en tópicos. Esta idea o percepción del Medievo se sostiene sobre un conocimiento de la realidad histórica poco o nada sólido, y, lo que es peor, contribuye a perpetuar, a dar continuidad, a los clichés en los que se basa. Cambiarla es posible. Pero como con cualquier cambio, para acometerlo hace falta voluntad suficiente. Y, en demasiadas ocasiones, el ser humano da señales de no querer cambiar aquella imagen del pasado con la que ya se siente, a la vez, cómodo y satisfecho.


(1) Mónica Eguíluz Alonso et alii, «El hombre de las cavernas? Desmantelando un tópico». Estrat Crític: Revista d’Arqueologia, núm. 5:3 (2011), pp. 10-17. URL: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5010184

(2) Esta aclaración, absolutamente necesaria, ha sido introducida minutos después de la publicación de esta entrada.

(3) He aquí el titular completo: «Medieval Cruelty in Modern Times: ISIS Thugs Behead American Journalist». La información se publicó el 19 de agosto de 2014.

(4) Noticia publicada en el diario digital El Plural, el 13 de enero de 2015.

(5) Titular, de hecho, de una entrada del blog Inforadictos publicada el 28 de agosto de 2013.

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Bienvenidos

Vivimos en un mundo inmediato y especializado. Lo queremos todo para ya y, a la vez, queremos tener al alcance de un golpe de ratón un torrente inacabable de datos y datos aleatorios y concretos sobre cualquier tema imaginable. Aquí y ahora.

Desde luego, no seremos nosotros los que critiquemos las virtudes del intercambio de información y las posibilidades que Internet y la comunidad virtual ofrecen de cara a ampliar nuestro conocimiento. ¡Faltaría más! Eso sí, también creemos que hay que buscar un espacio para cocinar el conocimiento a fuego lento, reivindicar la artesanía que hay detrás de todo aprendizaje y aportar nuestro granito de arena en todo este magma de información. De esta creencia nace Studia humanitatis, un espacio de encuentro virtual en el que queremos que se den cita distintas visiones sobre la historia, el arte, la literatura e, incluso, aproximaciones desde la biología, la química o los videojuegos.

¿Por qué esta diversidad de temas y enfoques? Porque una visión transversal y multipolar de las disciplinas humanas (¿humanísticas?), del conocimiento humano, es necesaria para afrontar el reto que supone, desde el siglo XXI, reflexionar sobre eso que hemos dado en llamar Ciencias Humanas. Una visión análoga a la de aquellos humanistas que en el siglo XV impulsaron los studia humanitatis, los mismos, precisamente, que dan nombre a esta página. Unos estudios mediante los cuales se pretendía ofrecer una formación capaz de convertir al hombre en virtuoso, y que suponían una aproximación al conocimiento desde una perspectiva total. Porque, como opinaba el comediógrafo romano Terencio, nada de lo humano es ajeno al ser humano. Lo que nos conduce, además, a reivindicar el estudio de las Humanidades (en el sentido más inclusivo del término) en un momento, el actual, en el que su utilidad parece estar más bien en entredicho, cuando en realidad son esenciales para comprender el mundo que nos rodea.

Detalle del “Zacarías en el Templo” de Domenico Ghirlandaio, en el que aparecen los humanistas Marsilio Ficino, Cristoforo Landino, Ángelo Poliziano y Demetrio Calcocondilas (o Gentile de Becchi). Fuente: Wikimedia

Pero no seremos, como quienes se sumaron a la corriente de pensamiento del humanismo (palabra esta última que, por cierto, es un neologismo alemán que empezó a circular en el siglo XIX… ¡ay, los tópicos!), unos deudores estrictos de las letras clásicas que reniegan del mundo medieval. Y tampoco renegaremos de aquellos otros mundos alejados de la pequeña charca de ranas que fue, en palabras de Platón, el Mediterráneo.

En cualquier caso, como el movimiento se demuestra andando, os invitamos a pasear, tranquilamente, por este blog, que esperamos ir llenando de contenido y en el que queremos que os sintáis como en casa.

Así que bienvenidos.

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