Author Archives: Jessica Carmona Gutiérrez

Jessica Carmona Gutiérrez

Villanueva de la Serena, 1983. Licenciada en Historia por la Universidad de Extremadura. Mis estudios se centran en el análisis de la violencia y la justicia en el periodo moderno. Mi primer libro: Extremeños condenados a galeras. Delito y represión en tiempos de Felipe II

Tabernas y naipes: violencia cotidiana en la obra de Jan Steen

Jan Steen era un pintor holandés del siglo XVII que destacó por su pintura costumbrista, en la que plasmaba la realidad cotidiana. Muchas de sus obras tienen lugar en la taberna y es que, entre los muchos trabajos que tuvo a lo largo de su vida uno de ellos fue el de tabernero[1]. No nos debe extrañar, por tanto, que Jan Steen se interesara por plasmar algunas de las escenas cotidianas que seguramente habían ocurrido ante sus propios ojos.

Del trabajo de Jan Steen nos hemos interesado por dos obras que comparten un mismo escenario: la taberna, y una misma escena: la violencia surgida por los juegos de naipes. La primera se llama “Discusión por un juego de Cartas” y la acción se desarrolla a las puertas de una taberna. En ella dos hombres sacan sus cuchillos y espadas tras una discusión durante el juego, probablemente porque el jugador de la derecha (ayudado por un compinche que se sitúa junto a él) hubiera hecho trampas. La segunda muestra una escena muy parecida, esta vez dentro de la taberna pero con una peculiaridad, uno de los implicados sostiene una jarra, probablemente de vino, que muestra la implicación del alcohol en la contienda. Ambas obras tienen un sentido moralizante, pues a través de ellas muestran los males de los juegos de azar. Continue reading

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Reforma y Contrarreforma: el poder de la imagen en la propaganda religiosa

El punto de partida de la Reforma protestante se sitúa en la famosa controversia de las indulgencias protagonizada por Martín Lutero en 1517. En este tiempo, el dominico Johann Tetzel recaudaba considerables sumas de dinero que enviaba a Roma. El afán recaudatorio del dominico le llevaba asegurar que «aunque alguien hubiera dormido con la madre de Cristo, el Papa tenía poder… para perdonarle, siempre que [el pecador] invirtiese su dinero en el cofre de las indulgencias»[1].

johann tetzel indulgencias

Tras escuchar diversos testimonios sobre las predicaciones de Tetzel, en octubre de 1517 Lutero escribió una carta al arzobispo Alberto de Maguncia en la que denunciaba la situación y en la que aseguraba que se encontraba «extremadamente preocupado por las falsas ideas que circulan entre la gente corriente (…). Estas almas desafortunadas parecen creer que asegurarán su salvación en el momento en el que compren bulas de indulgencias»[2]. Poco después, en la víspera del día de Todos los Santos, se clavaron en la puerta de la iglesia de Wittenberg las 95 tesis de Lutero y comenzaba una lucha religiosa en la que la propaganda, y la imagen en especial, tuvieron una gran repercusión como medio de expresión. Continue reading

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Alatriste: un viaje en el tiempo al Madrid de los Austrias

En su Apostilla a El Nombre de la Rosa, Umberto Eco explicaba que para él hay tres maneras de contar el pasado. La primera es lo que llama el romance, y en ella el pasado no sería más que un pretexto para dar riendas sueltas a la imaginación. Después estaría la novela de capa y espada, donde se toman personajes «registrados por la enciclopedia» para generar un pasado “real” y reconocible, pero donde se entremezclan actos reales y ficticios y entran en escena personajes de fantasía que, no obstante, «expresan sentimientos que podrían atribuirse también a personajes de otras épocas». Y finalmente está la novela histórica, donde no es necesario que haya personajes reconocibles «desde el punto de vista de la enciclopedia» pero cuyos actos sólo pueden encuadrarse en el momento histórico del que hablan, sirviendo «para comprender mejor la historia, lo que sucedió»[1].

Podríamos decir que la obra de Pérez-Reverte se corresponde con la llamada novela de capa y espada, porque además de mezclar personajes reales con ficticios y construir un entramado narrativo situado entre la realidad y la ficción, expresa sentimientos que pueden atribuirse a otras épocas. De hecho, el narrador de toda esta saga literaria, Íñigo Balboa, parece situarse en el tiempo del lector, reflexionando, además, sobre los propios acontecimientos históricos.

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Los tres mosqueteros Fuente: https://es.wikipedia.org

 

Estos pensamientos de Íñigo son fruto de la intencionalidad del propio autor, ya que Alatriste fue concebido casi como un libro didáctico. Como el propio autor apuntaba en una entrevista:

 Un día, viendo los libros de texto de mi hija, que entonces iba al colegio, me di cuenta de que dedicaban varias páginas a la transición, que está muy bien, pero sólo media y un cuadro al Siglo de Oro (…) Decidí así contarle a mi hija esa España del XVII que ha desaparecido de nuestros textos y para ello procuré buscar un lector atractivo, que tuviera batallas, pero sobre todo la amarga lucidez de ser español y consciente de su historia[2].

Estas opiniones y juicios de valor, no son sino las reflexiones que hace el propio Pérez-Reverte sobre aquella época y sus personajes, pero que también podrían ser asumibles por los contemporáneos. Así, en un pasaje en el que se está haciendo referencia a las relaciones con Inglaterra dice:

 Consideren vuestras mercedes que apenas habían transcurrido treinta años desde la Armada Invencible; ya saben, cañonazo va y ola viene y todo a tomar por saco, con aquel pulso fatal entre nuestro buen Rey Don Felipe Segundo y esa arpía pelirroja que se llamó Isabel de Inglaterra, amparo de protestantes, hideputas y piratas, más conocida por la Reina Virgen[3].

Alatriste es la historia de supervivencia de un soldado de las guerras de Flandes, que tras su regreso se ve obligado a aceptar trabajos como espadachín a sueldo. Nos encontramos ante la vuelta a la realidad de una persona que ha vivido toda su vida al servicio de la guerra y que sólo conoce el oficio de las armas.

Ilustración de Joan Mundet

El capitán Alatriste, ilustración de Joan Mundet. Fuente: http://www.perezreverte.com

 

Sin embargo, aunque el análisis de las Aventuras del Capitán Alatriste nos puede suscitar un enorme debate en torno a numerosos temas como la Inquisición o la guerra de Flandes, traigo a colación esta saga para adentrarme en una realidad cotidiana que subyace en todos los libros: la violencia.

En la Época Moderna las prácticas violentas llegaron a convertirse en una constante a la hora de afrontar un conflicto[4]. El concepto de honor imperante en la época hacía que la más mínima ofensa pudiera desencadenar una afrenta. «En aquel tiempo, un hombre podía perfectamente hacerse matar por su reputación, todo se disculpaba menos la cobardía y la deshonra»[5]. Un honor no exclusivo de los estamentos superiores y que llevó a que este tipo de delitos se convirtiera en uno de los principales motivos de querellas en aquellos tiempos. Pero también, la extendida costumbre de portar armas suponía que cualquier desencuentro pudiera terminar de forma violenta. Como en aquel episodio en el Corral de la Cruz en el que el tropiezo fortuito del Capitán con un desconocido terminó en lance porque «al doblar la esquina de la calle del Arcabuz con la de Toledo, el malhumor que arrastraba convirtió el choque fortuito en un lance de espada, en vez de resolverlo con sentido común y verbos razonables»[6]

Y  es que al parecer, en esa España que fue la de Felipe IV los crímenes y excesos estaban a la orden del día. Así parece constatarlo Deleito y Piñuelas a través de los Avisos y Noticias de la época, entre los que habría que destacar los de Barrionuevo o Pellicer. En ellos pueden leerse noticias como el suceso acontecido el 8 de agosto de 1622 y que decía: «Después de media noche, en la calle que baja de la plazuela de la Cebada de San Pedro, mataron de una estocada a Don Fernando Pimentel, hijo del conde de Benavente, sin darle lugar a meter mano a la espada»[7].

Quizás podamos definir al Capitán Alatriste como uno de esos “valientes” de los que el profesor Mantecón nos habla. Además de camarada «de fiar» contaba con otros atributos como el arrojo, la audacia y la inteligencia, y eso en la Castilla moderna «le dotaba de autoritas dentro de su entorno social de referencia»[8].

Pero además, un elemento fundamental en la obra de Pérez-Reverte es la calle. Aquí es donde el autor consigue introducirnos, gracias a su minuciosidad y detalle, en el Madrid del siglo XVII. Ese Madrid, mezcla de realidad y ficción en la obra y que el autor definió como lleno de «callejuelas estrechas y mal alumbradas, de mancebías y garitos, donde en la hora menguada los vecinos arrojaban las inmundicias a la calle, y donde la vida había que buscársela a menudo en lances y emboscadas»[9]. Y en esas callejuelas, oculto en sus sombras es fácil imaginarse esos lances de espada que la noche silenciaba.

Todo ello envuelto en el lenguaje de la germanía que cuidadosamente Pérez Reverte utiliza. Se trataba de un lenguaje que para su seguridad y forma de entenderse utilizaba la chusma del hampa[10]. Cuando en un episodio de Limpieza de Sangre alguien vociferó « ¡La gura!… ¡La gura!» se estaba refiriendo a que por allí estaban de ronda alguaciles y corchetes.

En definitiva, gracias a la minuciosidad del relato, la descripción y el estilo literario de Pérez Reverte, el autor logra retrotraernos a la España del Siglo XVII con una gran sencillez. Una manera amena, a la vez que didáctica, de comprender mejor la sociedad de entonces y su comportamiento.

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[1] ECO, Umberto, “Apostilla a El nombre de la Rosa“, Anàlisi, nº 9, 1984, pp. 30-31.

[2] http://www.elcultural.com/noticias/letras/Perez-Reverte-La-memoria-historica-es-mucho-mas-amplia-de-lo-que-creen-los-catetos-con-coche-oficial/504321

[3] PÉREZ-REVERTE, Arturo y PÉREZ-REVERTE, Carlota, El capitán Alatriste, Madrid, Alfaguara, 1996, p. 56.

[4] IGLESIAS RODRIGUEZ, J. J., “Pulsiones y conflictos. Rupturas y formas de lo cotidiano”, en PEÑA, Manuel. (Ed.), La vida cotidiana en el mundo hispánico (siglos XVI-XVIII), Madrid, Adaba editores, 2012, p. 218.

[5] PÉREZ-REVERTE, Arturo, Limpieza de sangre, Madrid, Alfaguara, 2000, p. 36.

[6] PÉREZ-REVERTE, Arturo, El caballero del jubón amarillo, Madrid, Alfaguara, 2003, p. 22.

[7] Citado en DELEITO y PIÑUELAS, José, La mala vida en la España de Felipe IV, Madrid, Alianza, 2005, p. 98.

[8] MANTECÓN MOVELLÁN, Tomás A., “«La ley de la calle» y la justicia en la Castilla Moderna”, Manuscrits, 26, 2008, p. 170.

[9] Citado en GUERRERO RUIZ, PEDRO, “Grandeza literaria y miseria moral en la España de Alatriste (un análisis interdisciplinar e intertextual)”, en LÓPEZ de ARABIA, José M. y LÓPEZ BERNASOCCHI, Augusta (Coord.), Territorio Reverte: ensayos sobre la obra de Arturo Pérez-Reverte, Madrid, Editorial Verbum, 2000, p. 135.

[10] DELEITO y PIÑUELAS, José, op. cit.,p. 122.

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