Monthly Archives: mayo 2015

Sala de Urgell. El olvidado obispo del año mil

La mayoría de personajes relevantes del imaginario catalán de hoy en día vivieron durante los siglos medievales o modernos. Guifré el Pilós, Jaume I, Serrallonga o Rafael de Casanova son un buen ejemplo de ello. En algunos casos, no en todos, la fama de estos personajes proviene de la importancia que les dieron los autores románticos del siglo XIX, una fama que puede no corresponderse con su verdadera trascendencia histórica. Serrallonga, por ejemplo, era un bandolero con una cuadrilla relativamente importante, pero sin duda menor a la de otros bandoleros como Joanot Cadell, señor de Arsèguel y cabecilla de una tropa que podía llegar a los cuatrocientos o quinientos hombres, protagonistas de las actuaciones más extraordinarias. La fama del primero, con todo, supera claramente la del segundo. En el imaginario pirenaico, la situación es similar. En la Seu d’Urgell son muy recordados y venerados los obispos Ermengol y Ot (ss. XI – XII), ambos considerados santos. El fervor que estos importantes obispos despertaron casi desde su muerte ha hecho olvidar a otros personajes que también han tenido su lugar en la historia, como el obispo Sala (980 – 1010), de quien hoy queremos hablar.

Signatura bisbe Sal·la

Los orígenes del obispo Sala

Sala era hijo de los vizcondes de Conflent Isarn y Ranlo. Tenía un hermano mayor, Bernat, cosa que le situaba en segundo lugar en la sucesión del cargo paterno. Esta situación, como sucedía a menudo en las élites de los condados de la época, hizo que Sala fuese dirigido por sus padres a la carrera eclesiástica. La familia de los vizcondes de la cual procedía era de la más importantes de la Catalunya Vella, sobre todo por el hecho de tener sus dominios en una zona de paso tan importante como era el Conflent, lugar por donde transcurría la vía que desde hacia siglos servía para unir la Península Ibérica y la Galia a través de los valles del Segre i del Tet. Además, el título de conde de Conflent hacía años que se había unido al de los soberanos de Cerdaña, hecho que convertía a la familia vizcondal en el primer poder territorial de la región.

La elección de Sala como obispo de la Seu

En el año 974 Sala aparece documentado como arcediano de Urgell, un cargo que le predisponía a suceder al obispo que gobernaba la Seu en aquellos años, Guisad II. Con todo, creemos que la vinculación con la Iglesia urgelitana habría empezado unos años antes, un período de tiempo que habría servido al joven Sala para formarse a todos los niveles. En el año 978 se documenta el último acto de Guisad y, tres años más tarde, el primero en que Sala actuó como obispo. En estos tres años, pues, se habría producido su elección como prelado. Hay que decir que a lo largo de esta centuria los condes de Urgell tenían un firme control sobre el cargo episcopal y normalmente eran ellos quienes elegían al obispo. Los criterios de elección eran muy sencillos: debían de ser fieles al conde y normalmente le pagaban una suma importante de dinero a cambio de ser elegidos para llevar la mitra urgelitana. La compra de cargos, conocida como simonía, estaba en el orden del día en la Iglesia catalana y europea de los primeros siglos medievales y no fue prohibida de manera contundente hasta la reforma gregoriana. Aunque no podamos probarlo documentalmente, lo más probable es que Sala hubiese sido elegido después de que la familia vizcondal de Conflent hubiese pagado una suma importante al conde Borrell de Barcelona y de Urgell. Sea como sea, hacía el año 980, Sala se convirtió en obispo de Urgell.

Los años del obispo Sala (980 – 1010)

La trayectoria de este personaje como obispo de Urgell fue dilatada y estuvo cargada de éxitos. Durante su mandato, como venía haciendo su predecesor, aplicó de manera universal la décima episcopal, un impuesto que representaba un 10% de la producción. Si bien este impuesto se había comenzado a aplicar en la Catalunya Vella desde hacía casi un siglo, su generalización y universalización no se produjo hasta mediados del siglo X. Guisad II, en este sentido, fue mucho más sistemático que sus predecesores y Sala dio otro giro de rosca. Aunque el establecimiento definitivo de esta fiscalidad no se produjo hasta bien entrado el siglo XII, cuando la red parroquial quedó plenamente definida, podemos considerar que en el caso de Urgell el papel de Sala fue importante de cara al futuro inmediato del obispado.

Imagen de la catedral de la Seu d’Urgell

 

También debe atribuirse a Sala el inicio de la construcción del patrimonio terrenal del obispado de Urgell. Es cierto que esta institución ya tenía posesiones importantes antes de su elección como obispo, pero también lo es el hecho que durante sus años de gobierno este patrimonio aumentó considerablemente. En primer lugar, por un aumento de las donaciones pro anima hechas por particulares. Los miedos del Año Mil, el creciente peso de la Iglesia en la sociedad y la voluntad de ganarse el Paraíso hicieron que hacia finales del siglo X la donación de propiedades a la Iglesia aumentase de manera destacada. Y, en segundo lugar, el creciente interés de los condes por la frontera, situada en aquellos años en la zona de Meià, Montmagastre, Ponts y el valle del Llobregós, hizo que poco a poco se comenzasen a desprender de sus posesiones al norte del condado. Esto benefició claramente a los dos principales poderes urgelitanos de esta región, los vizcondes de Urgell y el obispado. En este sentido, los vizcondes recibieron, en el 989, diferentes propiedades en el valle de Castell-lleó, hecho que llevó a esta familia a territorializarse en ese lugar, que a partir de ese momento recibiría el nombre de Castellbò, un topónimo que definiría la familia vizcondal durante toda su historia. Por otra parte, el obispo permutó con los condes diversas propiedades que tenía en los condados de Cerdaña y Berga por otros que el conde Borrell II de Barcelona – Urgell tenía al norte del condado, los valles de Andorra. Aunque los obispos no consiguieron la propiedad total de Andorra hasta el 1133, lo cierto es que Sala puso la primera piedra de un dominio que hoy en día, aunque de forma diferente, aún pervive.

Durante su episcopado, por otra parte, Sala tuvo que hacer frente a una grave situación que hacía peligrar los dominios de la Iglesia de Urgell en los condados de Cerdaña y Berga. Estos territorios, dependientes de los condes de Cerdaña, sufrían un agravio comparativo con otros condados catalanes, sobretodo en relación al bloque formado por Urgell – Barcelona – Osona – Girona. Mientas que estos últimos disponían de sedes episcopales propias, hecho que daba a sus soberanos una gran ascendencia sobre la Iglesia de la Catalunya Vella, los territorios dependientes de los condes de Cerdaña (Cerdanya, Berga, Conflent, Capcir y Besalú) no tenían ninguna sede episcopal. Así, a finales del siglo X, el ya citado conde Borrell II dominaba nada más y nada menos que cuatro sedes episcopales, mientras que su pariente Oliba Cabreta no controlaba ninguna. Esto obligaba a los señores territoriales de estos lugares a comprar cargos eclesiásticos a sus vecinos, algunos de los cuales dependían de condes como los de Barcelona con quien rivalizaban, pagando cantidades desorbitadas. Este hecho, sumado a la aplicación de una fiscalidad eclesiástica de la cual no extraían ningún beneficio, hizo que hacia el año 990 los soberanos de Cerdaña usurpasen las propiedades que el obispado de Urgell poseía en sus territorios. La respuesta de Sala fue contundente, excomulgando todos los habitantes de dichos condados a excepción, curiosamente, de sus soberanos, y prohibiendo la celebración de oficios religiosos, además de pedir el apoyo del resto de jerarcas eclesiásticos de las sedes episcopales vecinas. Esta contundencia, la imposibilidad de cambiar de manera fácil el status quo vigente y, suponemos, la mediación del conde Oliba de Berga –futuro abad de Cuixà y Ripoll y futuro obispo de Vic– habría solucionado definitivamente el conflicto. Sea como sea, Sala defendió con fuerza los intereses de la sede que dirigía, además de demostrar una gran erudición en la encíclica que envió a las sedes episcopales vecinas.

De Sala también cabe destacar la visita que hizo al Papa, acompañado de Ermengol I de Urgell en el año 1001. Des de mediados del siglo X, las élites de los condados catalanes protagonizaron un proceso de apertura hacia la sede apostólica, la nueva fuente de legitimidad que venía sustituyendo el poder de unos monarcas francos en plena desintegración en los condados catalanes. De Roma, condes y obispos volvían con bulas que confirmaban privilegios y propiedades, unos documentos fundamentales para defender el patrimonio de las diferentes instituciones que representaban. El conde Ermengol ya había viajado en el año 998 a Roma, donde se había entrevistado con el emperador Otón III y con el papa Gregorio V. Por diversos conflictos políticos en la ciudad de Roma, el papa Silvestre II se encontraba en el año 1001 en Ravena y fue allí donde recibió a Ermengol y a Sala, a quien aconsejó sobre diferentes cuestiones. Sala volvió a su diócesis con una bula papal que renovaba la que había recibido su predecesor Guisad II, en el 951, y que confirmaba las nuevas posesiones obtenidas por el obispado hasta aquel momento.

A partir del año mil, otro personaje clave para la historia urgelitana entró a formar parte de la Iglesia de Urgell, Ermengol, sobrino del obispo Sala. Ermengol era hijo de los vizcondes de Conflent Bernat y Guisla y, como en el caso de su tío, fue el segundo hijo del matrimonio, hecho que le situaba en segundo término en la sucesión del vizcondado. Por este motivo, sus padres lo pusieron bajo la tutela de Sala, con la intención de que lo relevase como obispo. Obviamente, el relevo se tenía que hacer con el consentimiento del conde de Urgell, cosa que consiguieron a cambio del pago de cien piezas de oro que el conde Ermengol I tenía que recibir cuando Sala traspasara y Ermengol se convirtiese en obispo. A partir de este pacto, Ermengol se convirtió en arcediano de Urgell y en la mano derecha de su tío, que le enseñó todo lo que sabía.

De los últimos años  de Sala como obispo de Urgell hay que destacar el proyecto de refundación de la canónica urgelitana. La intención de Sala era actualizar la regla aquisgranesa que regía la vida de los canónigos de la Seu de Urgell, además de adaptar la canónica a nuevos tiempos. De hecho, Sala había estado presente en el año 1009 en Barcelona, donde se había culminado un proyecto similar, hecho que debió acabar de animarle a hacer lo mismo en su sede. La muerte, pero, le sorprendió antes, de aquí que fuese su sobrino y sucesor en el cargo, el obispo Ermengol, quien presidiese el acto de refundación. Esto no quiere decir, pero, que el proyecto fuese suyo. Él simplemente lo culminó y lo desarrollo durante todo su episcopado que se alargó hasta el 1035.

El obispo Sala tuvo excelentes relaciones con el poder condal urgelitano, representado por Borrell II primero y por Ermengol I después. De la buena sintonía se benefició mucho el obispado ya que durante todo este periodo los condes dieron grandes predios a la institución eclesiástica. Sala se mostró fiel a los condes de Urgell y estos recompensaron generosamente su fidelidad. En este sentido, Sala se benefició de la política de frontera llevada a cabo por Ermengol I. La gran riqueza que aparece relacionada en el testamento de ambos personajes hace que hoy en día podamos considerar el conde y el obispo de Urgell del año mil como dos de los personajes más ricos de la Cristiandad latina.

La muerte de Sala

El obispo Sala emprendió su último viaje en el año 1010, cuando acompañó al conde Ermengol I y a otros soberanos y obispos catalanes en la famosa expedición catalana a Córdoba. Los guerreros de los condados habían sido llamados para formar parte del ejército de uno de los candidatos que pretendían el trono califal de Al-Ándalus. Aunque en ese aspecto no triunfaron, lo cierto es que volvieron a sus hogares bastante más ricos de cómo habían partido. Para Urgell, a pesar de todo, las pérdidas de aquella expedición fueron muy significativas. El conde Ermengol murió luchando en la batalla de Aqabat al-Baqar, cerca de la capital andalusí, y el obispo Sala en Gelida, al límite de los condados catalanes, seguramente herido o enfermo. A partir de ese momento, el protagonista de la historia urgelitana fue el obispo Ermengol, que supo aprovechar muy bien la minoría de edad del futuro conde, haciendo y deshaciendo como le plació.

Biblia de Rodes

Guerreros a caballo – Miniatura de la Biblia de Rodes, primer tercio del siglo XI.

 

El olvido de un obispo

El obispo Sala es, sin duda, uno de los protagonistas más importantes de la historia medieval de Urgell. Como hemos visto, fue un hombre que destacó en muchos aspectos y que protagonizó unos años de apogeo de la institución que representaba. Por desgracia, hoy es un personaje bastante desconocido y recordado, tan solo, porqué fue tío del obispo san Ermengol. Este olvido se debe, sobre todo, a la larga sombra de su sobrino. Hoy tenemos el Retaule de Sant Ermengol, la Fira de Sant Ermengol o el carrer Sant Ermengol en la Seu de Urgell, pero pocos saben quién fue su predecesor, una figura de primer orden del año mil que des de aquí queremos vindicar.

Si te has quedado con ganas de saber más sobre el condado de Urgell en el cambio de milenio no dejes de echarle un ojo a nuestra plataforma de cursos online. Tenemos disponible un completo curso sobre el tema, tanto en castellano como en catalán. Igualmente no dudes en suscribirte a Studia Humanitatis (podrás hacerlo en la parte superior de nuestra barra lateral derecha) para recibir en tu correo todas nuestras novedades.

logoAulae

Posted in Historia Medieval. Tagged with .

¿La frontera entre cristianos y musulmanes en el año mil era solo un campo de batalla?

KnightsTemplarPlayingChess1283

La mayoría de lectores mínimamente versados en el campo de la historia seguramente ya saben que los siglos que reciben el nombre de “Edad Media” no fueron ni tan oscuros ni tan negativos como se creía hace unos años. Con todo, los mitos que circulan sobre estas centurias aún son muchos y están profundamente arraigados en el imaginario de gran cantidad de gente. Son muchas las personas que piensan, por ejemplo, que los hombres y las mujeres de la Edad Media eran unos bárbaros incivilizados que estaban continuamente matándose unos a otros y que vivían en un mundo de violencia permanente. Lo más curioso de todo es que nunca en la historia ha muerto tanta gente por culpa de la violencia como en el siglo XX –un siglo en que murieron unos cien millones de personas– y nadie considera que sus padres, abuelos o bisabuelos sean unos incivilizados. Con esto, tampoco queremos decir que el mundo medieval fuese perfecto, un paraíso terrenal, pero sí que creemos que debemos entender el contexto de cada momento, conocer realmente de qué realidad estamos hablando y huir de mitos que no hacen más que perjudicar nuestro conocimiento del pasado.

En este sentido, hoy queremos acercarnos a la realidad de la frontera entre cristianos y musulmanes del año mil en el territorio catalán y, en especial, al limes del condado de Urgell y del califato de Córdoba. A menudo, la frontera medieval se ha imaginado como una línea clara que separaba dos mundos –de espaldas uno de otro–, que solo entraban en contacto para guerrear. Lo cierto es, sin embargo, que el espacio de frontera era mucho más complejo de lo que puede parecer a primera vista. Lo primero que debemos hacer es quitarnos de la cabeza dos ideas sobre la frontera del año mil que son totalmente falsas. Aunque así nos la imaginemos, la frontera no era un espacio de guerra continua. Era, en todo caso, un espacio que, a veces, veía pasar ejércitos de sur a norte y de norte a sur para hacer incursiones en el territorio enemigo, pero no era un territorio de guerra de trinchera en que unos y otros defendían día sí día también cada uno de los palmos de su soberanía. A parte, la frontera no era un espacio bien delimitado, un corte limpio entre dos poderes, sino más bien un terreno difuso y relativamente ancho en que se podía encontrar desde guarniciones militares en fortificaciones hasta familias campesinas que trabajaban una tierra de nadie pasando por comerciantes y viajeros que iban de un territorio a otro por motivos de los más diversos.

Para las élites catalanas del año mil, disponer de una frontera representaba la posibilidad de enriquecerse a través de la conquista de nuevos espacios, de conseguir nuevas tierras de las cuales obtener rentas, de la toma de botín en las incursiones al territorio enemigo, de ser contratado como mercenario en los conflictos internos del mundo musulmán o, más adelante, de cobrar parias a cambio de no atacar posiciones enemigas. No es extraño, pues, que el conde Ermengol I y el obispo Sal·la de Urgell, señores de un territorio fronterizo, sean considerados dos de los gobernantes más ricos de los condados catalanes del año mil por la gran cantidad de bienes que figuraban en sus respectivos testamentos. Entre otros bienes, en el año 1007, el conde Ermengol estaba en posesión de una silla de plata, un freno de plata, una espada con oro, una vaina o funda de oro, unas espuelas de plata y un total de 395 onzas de oro.

Es cierto que a finales del siglo X el califato de Córdoba representa la riqueza, la opulencia y el lujo, pero también era un mundo que presentaba un elevado nivel cultural gracias a la posesión de obras científicas y literarias del mundo grecolatino que en el Occidente europeo habían desaparecido. La leyenda dice que el califa al-Hakam II tenía una biblioteca con más de medio millón de volúmenes. Aunque es difícil dar por buena esta cifra, lo cierto es que las bibliotecas de Córdoba estaban mucho mejor provistas que las de los condados catalanes y las del resto del continente. Con todo, gracias al papel de nexo que realizaba la frontera, al mundo catalán del año mil empezaron a llegar y a ser traducidas estas obras, cosa que repercutió muy positivamente en el nivel cultural del país. Cuando en Europa aún se desconocían o ya no se recordaba la existencia de estas obras, en Urgell ya se leía a Virgilio y en Ripoll ya había una biblioteca bien provista de libros científicos. Este hecho va a ser decisivo para que Gerberto de Aurillac, que acabaría convirtiéndose en papa con el nombre de Silvestre II, viniese a tierras catalanas con la intención de estudiar unas materias que solo podían ser estudiadas aquí.

Muestra de piezas del ajedrez de la Isla de Lewis (siglo XII), un ejemplo de la difusión del juego en el norte de Europa. Fuente

La frontera, por otra parte, también actuaba de puerta de entrada a la Europa occidental de muchos objetos de factura islámica, objetos que rápidamente se convirtieron en bienes de lujo deseados por las élites catalanas y, al cabo de poco tiempo, también por las del resto de Europa. A partir del año mil empezamos a encontrar objetos de lo más curiosos que serán atesorados y situados en un lugar destacado de los hogares de la incipiente nobleza de los condados catalanes. De entre todos estos objetos, uno de los más significativos que se pueden documentar es un ajedrez. Como advirtió Martí de Riquer en su momento, el conde Ermengol I de Urgell fue seguramente el primer cristiano que poseyó uno. De hecho, Urgell se convirtió en la entrada a Europa del juego del ajedrez ya que de las cinco referencias de este juego documentadas en tierras catalanas, cuatro son de este territorio. Años después, incluso, los condes de Urgell convirtieron el tablero de ajedrez en el símbolo heráldico que figuraba en su escudo de armas, hecho que podría responder al interés que este juego despertó en este condado.

Vistos estos ejemplos, ¿podemos definir la frontera entre cristianos y musulmanes del año mil simplemente diciendo que era un territorio hostil, un campo de batalla? ¿Podemos seguir imaginándonos el espacio que separaba las dos soberanías como una tierra donde solo servía la espada? La historia nos demuestra que no, que la frontera era una tierra de encuentro entre dos culturas: la cristiana y la musulmana. De encuentros militares a veces, ciertamente, pero también de encuentros que sirvieron a los cristianos para nutrir sus bibliotecas o para conocer realidades diferentes a través de objetos exóticos, de tejidos fabricados a centenares o miles de kilómetros y de juegos como el ajedrez, que hizo las delicias de la nobleza de los condados catalanes y de la Europa del año mil y de los siglos medievales.

Si te has quedado con ganas de saber más sobre el condado de Urgell en el cambio de milenio no dejes de echarle un ojo a nuestra plataforma de cursos online. Tenemos disponible un completo curso sobre el tema.

logoAulaeArtículo publicado originalmente en el portal digital de historia El Principat el 26.07.2014

Posted in Historia Medieval. Tagged with , , .

El dinosaurio gentil

La cetrería fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 16 de noviembre 2011 gracias a la aportación de 13 países. Mucho hemos recorrido aves y homínidos desde aquellas estepas de Asia central donde halcones y águilas seguían a los rebaños de los pastores nómadas, aprovechándose de las aves y pequeños mamíferos que asustaban a su paso. Entonces eran las rapaces quienes utilizaban al ser humano.

2667_Hunting_100

Sello húngaro de 1971 conmerando el arte de la cetrería.

Fuente: Wikimedia

Fue en esas mismas zonas del planeta donde se descubrió que las aves son dinosaurios, auténticos fósiles vivientes, descendientes de algo parecido al temido velociraptor de las películas de Spielberg, aunque mucho más pequeño (1). Era algo que lógicamente, no podía saber el hombre de la Edad Media, pero fue lo único, porque la bibliografía nos dice que nadie ha estudiado nunca las rapaces como lo hicieron ellos. Federico II Hohestaufen elaboró ya en el siglo XIII la obra cumbre (2), De arte venandi cum avibus, manual de ornitología, cetrería y veterinaria centrada exclusivamente en aves. A él se pueden sumar si hablamos de la Península Ibérica El libro de la caza escrito por el infante Juan Manuel o el Libro de la caza de las aves del cronista Pedro López de Ayala, influidos ambos dos por el primero (3).

Frederick_II_and_eagle

Federico II Hohestaufen con halcón, De arte venandi cum avibus

Fuente: Wikimedia

La relación del hombre con otros seres vivos a los que ha conseguido “amansar” sin intención de que le sirvieran de alimento, se basa en  un mutualismo algo descompensado. Nosotros aprovechamos las aptitudes de un animal para alguna tarea y éste, a su vez, recibe resguardo y alimento periódicamente de la mano de su cuidador. Para ello se escoge habitualmente animales sociales, acostumbrados al contacto con otros individuos, como caballos, cabras, perros o bueyes. Pero en la cetrería esa relación es todavía más especial. Halcones, azores, gavilanes, esmerejones y demás rapaces son aves solitarias, que generalmente se emparejan de por vida, por tanto una vez capturados se encuentran en una situación totalmente desconocida, fuera de cualquier contexto para el que su instinto está preparado. De ahí, quizás, que una de las características que más se destacan en la cetrería medieval es el “ánimo” del animal que maneja el halconero. Si es tozuda, cobarde o noble. Tanto es así que el halcón peregrino (falco peregrinus) llega a denominarse en los tratados de la época como halcón gentil y siguiendo esa tradición, hoy el azor común lleva ese calificativo en su nombre científico, Accipiter gentilis.

Falco_peregrinus_tethered

Ejemplar de Halcón Peregrino (Falco pelegrinus), llamado gentil. En muchos tratados a esta especie se la denomina también “neblí”, derivación de noble.

Fuente: Wikipedia

Por tanto ¿Por qué mantener aves, en muchos casos difíciles de entrenar y costosas de mantener en momentos en los que no suponen una ventaja real a la hora de obtener alimento? Ayala contesta que al hombre noble “fincábale saberlas regir” y “fincábale saberlas guaresçer e melezinar quando adoleçían o eran feridas”. La “caça”, término que identificaba inequívocamente al uso de éstas aves por oponerlo a la montería, era solamente un aspecto más de la cetrería. A un noble le gustaba ver volar a su ave, le hacía leer el terreno para lanzarla a favor de viento y darle más ventaja para que cobrase la pieza. Le gustaba entrenarla para convertir a su ave en “garçera” y “gruera” y que pudiera atacar aves que triplican su tamaño y además cuidarla si resultaban herida en el lance. Le hacía ser más noble.

Codex_Manesse_Markgraf_Heinrich_von_Meißen

Escena del Codex Manesse en la que se observa la caza de garzas reales con halcones.

Fuente: Wikimedia

El cetrero medieval se insertó en la naturaleza de una manera como no lo ha vuelto a hacer el ser humano, siendo al mismo tiempo actor y espectador humilde del desarrollo natural de los acontecimientos. Y todo con sus gentiles dinosaurios en la mano.

 

(1) Turner, Alan H. (Alan Hamilton); Makovicky, Peter J.; Norell, Mark. A review of dromaeosaurid systematics and paravian phylogeny. (Bulletin of the American Museum of Natural History, no. 371)

(2) Egerton, F (2003), “A History of the Ecological Sciences” , Bulletin of the Ecological Society of America (Esa pubs) 84 (1): 40–44.

(3) Fradejas Rueda, José Manuel, «La influencia del De arte venandi cum avibus de Federico II en el Libro de la caza de Juan Manuel», en Los libros de caza. Seminario de Filología Medieval, Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal, Universidad de Valladolid, 2005, págs. 41-54.

Posted in Historia Medieval. Tagged with , , .

La estructura del Infierno de Dante

VERSIÓ CATALANA.

Aprovechando la inminencia de la llegada del Día del Libro, os preguntamos en nuestra cuenta de Twitter cuál era vuestro libro favorito.

Rosa Cassi nos recomendó La Divina Comedia: “Siempre y por la eternidad”, que es mucho tiempo. Muchísimo tiempo. Me da vértigo, a mí, que se me hace largo cuando espero al autobús.   Conocéis de sobra el argumento de la obra: Dante se encuentra perdido en su travesía vital —en un oscuro bosque, metáfora de la crisis moral y espiritual por la que pasa— y se embarca en un viaje a través del mundo de ultratumba, que culmina con la redención y la contemplación de Dios. Es guiado por el poeta clásico Virgilio a través del infierno y el purgatorio y por su amada Beatriz (fallecida en 1290) por el cielo. Dicho todo así, muy sintéticamente, porque todos la hemos leído (si necesitas una versión con más detalles, la encontrarás aquí).   La Divina Comedia es un viaje, real y necesario, hacia la salvación del alma.

Ilustración de Gustave Doré para “La Divina Comedia”. Dante extraviado en el bosque.

Una de las cosas que más me sorprendieron la primera vez que leí La Divina Comedia fue la categorización de los pecados, el orden en el que Dante coloca los círculos del Infierno. Algunos me resultan más opinables que otros, pero no era capaz de comprender por qué razón Dante colocaría en una situación más ventajosa a los asesinos que a los hipócritas. Todo está medido y descrito al detalle; y, en el canto XI, Virgilio detalla y razona la estructura del Infierno. Aquí se encuentran las claves para distinguir las diferentes clases de pecados. La primera es la que lo divide en dos grandes zonas, Alto y Bajo Infierno, según las infracciones pertenezcan a las categorías de incontinencia o malicia.

393px-Inferno_Canto_5_lines_137-138

Canto V: Dante se compadece de una pareja que ha sido presa de la lujuria.

Los primeros cuatro círculos (lujuria, gula, avaricia e ira) corresponden a pecados nacidos de lo que Dante denomina incontinencia. Son renuncias de la razón ante el deseo, respuestas emocionales y faltas de autocontrol que acarrean la propia destrucción de las personas que incurren en ellas. Lo que las diferencia de los círculos siguientes es que con la malicia hay una intención deliberada de perjudicar a otros y, por tanto, estos pecados deben ser castigados con mucha más severidad. No sólo eso, sino que hemos de usar premeditadamente el intelecto para alcanzar este fin. La razón es un precioso don que Dios concede al hombre, el privilegio divino que nos hace humanos y nos separa de los animales, y bajo ningún concepto debería usarse en perjuicio de nuestros semejantes. Es por ello por lo que Dante considera que los crímenes que implican un esfuerzo intelectual son mucho más graves que los que suponen el uso de la violencia.

Dante habla con los traidores, que se encuentran presos en el hielo.

Dante habla con los traidores, que se encuentran presos en el hielo.

En los dos últimos círculos, más allá del asesinato y la tiranía, se encuentran el fraude y la traición. El fraude se ejerce contra los desconocidos o contra las personas que no son merecedoras de confianza, pero conlleva igualmente el uso deliberado de la inteligencia para obtener un beneficio o realizar algún tipo de mal. Atenta, además, contra el que Dante considera que es lazo de amor fraternal que nos une como seres humanos. La traición, por otro lado, el pecado más terrible, se ejerce en perjuicio de personas con las que se tiene una relación especial de confianza. Aquí encontraréis a los que han traicionado a su familia, su patria, sus huéspedes y sus benefactores. No sólo han roto el vínculo natural de amor existente entre todo el género humano que ya comentábamos hace un momento, sino que van un paso más allá, al romper también el lazo especial de confianza que les une a las personas más cercanas. Y no se limita a ellos, sino que, para Dante, el mal uso del intelecto es una traición a Dios mismo.

"El sueño de Dante ante la muerte de su amada" (Dante Gabriel Rossetti, 1871).

“El sueño de Dante ante la muerte de su amada” (Dante Gabriel Rossetti, 1871).

Como veis, nada queda al azar en el Infierno de Dante y todo está en su sitio. De hecho, si os fijáis un poquito más, veréis que Dante tampoco ha inventado nada y que todo estaba ya en los clásicos: Aristóteles y Cicerón, especialmente, que parecen ser los modelos que sigue para determinar la estructura del Infierno.

Pero todo esto yo no lo sabía todavía la primera vez que leí La Divina Comedia.

 

              ___________________________________________________________________________________________          

Com que heu demanat una versió en català de la web i sóc dels pocs no catalans de l’equip (si no m’equivoco), doncs em trobo en una situació curiosa: he pensat que seria bonic escriure la meva entrada pel bloc també en catalá i no només en castellà —que seria el més còmode i fàcil per a mi—, per què no. Solament us demanaria que fóssiu una mica indulgents amb mi i em perdonéssiu els errors que pogués cometre, ja que el poc que sé ho he après llegint i escoltant música. Som-hi…

Aprofitant que s’apropava Sant Jordi, us vam preguntar quin era el vostre llibre preferit:

La Rosa Cassi ens va recomanar La Divina Comèdia. “Sempre i per l’eternitat”, que és molt de temps. Moltíssim. Em dóna vertigen fins i tot a mi, que se’m fa llarga l’espera al bus.

Coneixeu bé l’argument de l’obra: Dante es troba perdut a la seva travessia vital —a un bosc fosc, metàfora de la crisi moral i espiritual per la qual està passant— i s’embarca en un viatge a través del món d’ultratomba, que culmina amb la redempció i la contemplació de Déu. És guiat pel poeta clàssic Virgili a través de l’infern i del purgatori, i per la seva estimada Beatriu (morta el 1290) pel cel. Dit així, molt sintèticament, perquè tots l’hem llegida (si necessites una versió amb més detalls, la trobaràs aquí).

La Divina Comèdia és un viatge, real i necessari, cap a la salvació de l’ànima.

Una de les coses que més em va a sorprendre la primera vegada que vaig llegir La Divina Comèdia, va ser la categorització dels pecats, l’ordre en què Dante col·loca els cercles de l’Infern. Alguns em van resultar més opinables que d’altres, però no era capaç de comprendre per què Dante col·locaria en una situació més avantatjosa els assassins que els hipòcrites. Tot està mesurat i descrit al detall; i, al Cant XI, Virgili detalla i raona l’estructura de l’Infern. Aquí es troben les claus per distingir els diferents tipus de pecats. La primera el divideix en dues grans zones, Alt i Baix Infern, segons les infraccions pertanyin a les categories d’incontinència o de malícia.

Els primers quatre cercles (luxúria, gola, avarícia i ira) corresponen a pecats nascuts del que Dante denomina incontinència. Són renúncies de la raó davant del desig, respostes emocionals i faltes d’autocontrol que impliquen la pròpia destrucció de les persones que incorren en elles. El que les diferència dels cercles següents és que amb la malícia hi ha una intenció deliberada de perjudicar els altres, i, per tant, aquests pecats han de ser castigats amb molta més severitat. No només això, sinó que cal fer ús premeditadament de l’intel·lecte per aconseguir aquesta fi. La raó és un preciós do que Déu concedeix a l’home, el privilegi diví que ens fa humans i ens separa dels animals, i de cap manera s’hauria d’utilitzar en perjudici dels nostres semblants. És per aquesta raó que Dante considera que els crims que impliquen un esforç intel·lectual són molt més greus que els que suposen l’ús de la violència.

En els dos últims cercles, més enllà de l’assassinat i de la tirania, es troben el frau i la traïció. El frau s’exerceix contra els desconeguts o contra les persones que no són mereixedores de confiança, però comporta igualment l’ús deliberat de la intel·ligència per obtenir un benefici o causar algun tipus de mal. Atempta, a més, contra allò que Dante considera que és el llaç d’amor fraternal que ens uneix com a éssers humans. La traïció, d’altra banda, el pecat més terrible, s’exerceix en perjudici de persones amb les quals es té una relació especial de confiança. Aquí trobareu els que han traït a la seva família, la seva pàtria, els seus hostes i els seus benefactors. No només han trencat el vincle natural d’amor existent entre tot el gènere humà, aquell que ja us esmentava fa un moment, sinó que van un pas més enllà, en trencar també el llaç especial de confiança que els uneix a les persones més properes. I no es limita a ells, sinó que, per a Dante, el mal ús de l’intel·lecte és una traïció a Déu mateix.

Com veieu, res queda a l’atzar en l’Infern de Dante, i tot és al seu lloc.

De fet, si us fixeu una miqueta més, veureu que Dante tampoc ha inventat res, i que tot era ja als clàssics: Aristòtil i Ciceró, especialment, que semblen ser els models que segueix per determinar l’estructura de l’Infern.

Però tot això, jo no ho sabia encara la primera vegada que vaig llegir La Divina Comèdia.

Posted in Literatura. Tagged with , , , , , .