¿Eran los Stark del mismo Bilbao?

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Ekaitz Etxeberria

Gallarta, 1991. Licenciado en Historia por la Universidad del País Vasco y actualmente doctorando en Historia Medieval. Mis estudios se centran en la estrategia y táctica militar en la Castilla del siglo XV.

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La relación entre la literatura fantástica y la realidad histórica es, a veces, más estrecha de lo que podamos imaginar en un primer momento. Mundos como el creado por J.R.R. Tolkien, aun siendo una excelsa y poliédrica catedral de alta fantasía, ahonda sus cimientos en los profundos conocimientos que Tolkien tenía sobre la literatura nórdica e inglesa. De la misma manera, Canción de Hielo y Fuego, o Juego de Tronos, como se ha popularizado entre los seguidores televisivos de la saga, tampoco se ha creado en el vacío. En las siguientes líneas reflexionaremos sobre un detalle – ¡uno de tantos! – que nos permite relacionar el mundo de Poniente con la Edad Media europea sin apenas spoilers, aunque avisados estáis si queréis continuar.

No todas las luchas son por el Trono de Hierro. Fuente: Wikimedia

Tras el apresamiento de Eddard Stark a raíz del conflicto sucesorio suscitado a la muerte del rey Robert Baratheon, algunas de las principales familias de los Siete Reinos se alzaron en armas para combatir en una cruenta guerra civil que luego sería conocida como la “Guerra de los Cinco Reyes”. Robb Stark, el primogénito y heredero de la casa Stark y por tanto de Invernalia y del Norte, convocó a sus vasallos para formar un ejército con el que marchar al sur y combatir a los Lannister. El hecho de que los linajes menores respondieran directamente ante sus señores en lo que suponía una rebelión abierta ante la corona no es algo extraño. No sólo la fantasía recoge este tipo de sucesos, sino que también podemos encontrarlos en el pasado histórico, como fue el caso de la Guerra de las Rosas que azotó Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XV. Los York y los Lancaster tenían bajo su control una extensa red de linajes como vasallos directos, que a su vez tenían otros vasallos e incluso éstos podían tener otros a su servicio. Los vasallos respondían directamente ante su señor más inmediato, pues éste era quien les otorgaba el feudo.

Si bien el ejemplo inglés sería el más adecuado a la hora de compararlo con la popular saga de libros y con la archiconocida serie, no hace falta irnos tan lejos para observar que estas prácticas eran comunes en todo el occidente europeo bajomedieval y, por supuesto, también en el País Vasco. Y es que, si hay algún fenómeno que resulte emblemático para la Baja Edad Media vasca, sin duda, es el conocido como la Lucha de Bandos. Este conflicto, que en realidad estaba compuesto por una autentica maraña de enfrentamientos que iban desde los que se desarrollaban a escala comarcal a otros que podían involucrar a toda la provincia (en algunos casos incluso a Bizkaia y Gipuzkoa a la vez), provocó una multitud de asesinatos, asaltos, escaramuzas e incluso batallas. Los bandos, oñacinos y gamboínos en Gipuzkoa o Avendaño y Butrón-Múgica en Bizkaia no implicaron una adscripción fija, ya que las alianzas entre los linajes fluctuaban en función de sus intereses.

Pacificación de los bandosPacificación de los bandos Oñacino y Gamboino ante el corregidor Gonzalo Moro, de José Etxenagusia

Un ambiente hostil y cambiante, en el que las traiciones, al igual que la de los Bolton en la obra de Martin, estaban a la orden del día, pues ya señalaba el refrán recogido por Lope García de Salazar (1): “por las treguas de Butrón, no dejes el lorigón”. Precisamente guarda un gran parecido con la Boda Roja lo que supuestamente acaeció en la Torre de Ibargoen, en 1330. Si bien podría tratarse solamente de la reiteración de un episodio especialmente recurrente en la mentalidad de las sociedades preindustriales, la ruptura de las leyes de la hospitalidad (2), el cronista de Muñatones nos cuenta un episodio muy ilustrativo. Los Ibargoen invitaron a su torre a comer al primogénito de los Zaldibar, que acudió al convite con algunos de los suyos. Al sentarse a la mesa pidieron sal e inmediatamente varios hombres armados de los Ibargoen irrumpieron en la estancia matando a los de Zaldibar. Desde entonces quedó por refrán que cuando alguno pide sal ha de añadir que «no sea de la de Ibargoen» (3).

Mediante la obra de George R. R. Martin podemos asomarnos a un mundo de ficción con características medievales (o lo que el autor considera medievales), una Edad Media que difiere un tanto de la que tenemos por tópica. Se nos muestra una suerte de Medievo complejo y estructurado, no por ello menos irreal o fantástico en algunos aspectos, pero que nos ofrece innumerables referencias históricas. La situación en la que se ven sumidos los Siete Reinos, el caos y la desolación que campan a sus anchas por las aldeas y caminos arrasados por la guerra, no es solamente causada por la Guerra de los Cinco Reyes, si no que los pequeños enfrentamientos entre linajes cargan también con parte de la culpa. Éstos, aun insertos en las dinámicas generales de los conflictos mayores que involucran a sus señores, también libran sus propias contiendas privadas por diversos motivos, como disputas por tierras o cuestiones de honor.

Captura del videojuego Game of Thrones – A Telltale Games Series

 

Pequeños conflictos y disputas, en ocasiones auténticas guerras, como la que en el universo de Canción de Hielo y Fuego tras la Boda Roja enfrenta al linaje de los Forrester con el de los Whitehill, ambos norteños (4) por el control de los bosques de Ironwood; la que en el cómic del mismo autor, La Espada Leal, enfrenta a la Casa Osgrey con la casa Webber, por los derechos sobre un arroyo local, así como otros episodios en los que dos o más familias se enfrentan entre sí, no necesariamente a raíz de la guerra por la corona. En la Guerra de los Cinco Reyes, el contexto de guerra civil se muestra especialmente idóneo para resolver por las armas las animosidades y rivalidades de los pequeños nobles. Aprovechar el conflicto para tomarse una venganza personal o beneficiarse a costa de los vecinos derrotados por elegir el bando correcto se muestran acciones comunes, como el caso narrado en Danza de Dragones, que trata el enfrentamiento entre los Blackwood y los Bracker, ambos vasallos de Aguasdulces. Los Bracker son perdonados por el Trono de Hierro tras la Boda Roja para, a continuación, poner bajo asedio el castillo de sus enemigos los Blackwood, aún leales al asesinado Rey en el Norte, con la intención de arrebatarles sus tierras.

Una vez más, Martin nos muestra una práctica que en la realidad histórica estuvo fuertemente arraigada en la Europa occidental y, por supuesto, en el País Vasco: las guerras privadas. Ahora bien, ¿qué hacía posible que unas familias con los recursos suficientes pudieran convocar a sus atreguados (5) y aliados para emprender una guerra privada? A ojos contemporáneos occidentales la guerra es un asunto de los estados, pues son éstos los únicos con capacidad para asumir el coste económico que supone y los únicos también legitimados para llevarla a cabo. Fuera de los límites de la violencia organizada y dentro de la legalidad, no concebimos que unos particulares puedan llevar a cabo guerras privadas. Tendemos a asociar la monarquía medieval con el Estado Moderno, por lo que a menudo pensamos que las guerras privadas eran ilícitas, contraponiéndose a la guerra pública, ejercida por el estado. Éstos no son sino términos modernos que, aplicados de forma anacrónica, presuponen que las guerras emprendidas por el rey, tomadas cómo públicas, eran legítimas, mientras que las iniciadas por la nobleza eran privadas, y por tanto ilegitimas. Por el contrario, se trataba de una práctica perfectamente regulada y ritualizada, que desde luego distaba mucho de ser anárquica e ilegal.

Las hostilidades se abrían formalmente mediante un desafío público, donde el desafiador debía exponer los motivos por los cuales desafiaba a su oponente. El desafiado tendría nueve días para poder prepararse para el inicio de las hostilidades y cuando se considerara oportuno, la guerra concluiría con la firma de treguas. Por supuesto, el derecho a desafiar y llevar a cabo guerras privadas estaba exclusivamente reservado a los hidalgos (baja nobleza), que únicamente podían desafiar a otros de su misma condición.

Los desafíos, las guerras privadas llevadas a cabo por particulares así como otros tantos ejemplos de nuestro pasado histórico se ocultan tras las páginas de la aclamada saga Canción de Hielo y Fuego. Os animo a leer sus novelas, aunque sean del género fantástico, y de la mano de George R. R. Martin, descubrir los más pequeños aspectos de la Edad Media novelada. Utilizadla, junto con otras, como plataforma desde la que partir para profundizar en el conocimiento del pasado histórico. Ahora que “se acerca el invierno”, no se me ocurre mejor forma de adentrarnos en el apasionante mundo de la Historia.

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(1) Cronista y banderizo vizcaíno, que tomó parte activa en la Lucha de Bandos y fue el autor de las Bienandanzas e Fortunas, principal fuente para conocer estos hechos.

(2) Son numerosos los ejemplos que hacen referencia a esta ley, como el episodio de la Biblia en el que Lot ofrece a sus hijas ante los sodomitas con el fin de proteger a sus invitados. Por ellos, acciones como la de Ibargoen o la Cena Negra en la Escocia del siglo XV, son consideradas deshonrosas.

(3) Estos ejemplos podrían no tratarse más que de simple literatura pues no debemos olvidar la intencionalidad en el discurso del cronista.

(4) Este enfrentamiento puede verse (e incluso tomar parte en el) en el videojuego Game of Thrones – A Telltale Games Series.

(5) Aquellos que, a cambio de una renta anual, ofrecían su servicio militar a la parte contratante. Dicho contrato se garantizaba a través de un juramento aunque sin homenaje

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Ekaitz Etxeberria

Gallarta, 1991. Licenciado en Historia por la Universidad del País Vasco y actualmente doctorando en Historia Medieval. Mis estudios se centran en la estrategia y táctica militar en la Castilla del siglo XV.
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