El papel más deseado: el maestro románico.

Si hay un maestro románico conocido por todos ese es el Maestro Mateo. La firma en los dinteles del Pórtico de la Gloria y el contrato entre el cantero y el rey Fernando II de León son aspectos que nos aportan una información muy valiosa sobre la figura de este hombre encargado de levantar el gran templo de la cristiandad.

«Conviene a la regia majestad atender mejor a aquellos que le son conocidos por mostrar obediencia fielmente, y especialmente a aquellos que son notorios por dedicar sus servicios a los santuarios y lugares de Dios. Por estas cosas yo, Fernando, rey de las Españas, por amor de Dios, por quien reinan los reyes, y por la reverencia de Santiago, piísimo patrón nuestro, como pensión, te doy y concedo a ti, maestro Mateo, que posees la primacía y el magisterio de la obra del citado apóstol, cada año la percepción de dos marcos a la semana, sobre mi mitad de moneda de Santiago, y que lo que falte una semana sea suplido en la otra, de manera que esta percepción te represente 100 morabotinos anuales. Esta pensión, este don, te doy durante toda tu vida, para que siempre la tengas, y para la obra de Santiago, y sea mejor para tu persona; y aquellos que vieran, velen y se dediquen con afición a la citada obra. Fernando II de León a 23 de Febrero del año 1168.» [1] Continue reading

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Reyes, nobles e intereses: una cuestión de perspectiva

(Pido perdón por adelantado a milord Oliver Vergés. Él sabe por qué)

Allá por el mes de junio, a propósito de la batalla de Poitiers, el Jefe (que probablemente me mate por llegar tarde, mal, y encima llamarlo así) nos advertía sobre uno de los grandes peligros de la Historia: el de reconstruirla desde el presente. Y efectivamente, con esa ventaja que dan disfrutar de una visión panorámica y tener disponibles todos los datos conocidos (porque siempre hay rincones a los que no acaba de llegar la luz; y no, la Edad Media no es uno de ellos), uno puede hacerse una idea más o menos clara de cómo han ido sucediendo las cosas y visualizar así procesos históricos de duración y coherencia variables. Pero, claro está, quienes vivieron en el pasado no tenían esa ventaja. Ni consultando los astros. Como cualquiera de nosotros, no podían conocer toda su historia ni las consecuencias reales de sus actos. Podían, eso sí, especular lo que quisieran acerca de lo que estaba por venir, pero, sobre todo, podían juzgar su presente y su pasado según su perspectiva de las cosas. Lo que supone otro gran peligro para quien se fija en ellos: el de dejarse llevar por esa misma perspectiva.

Esto vale para la Edad Media, sobre todo para sus siglos centrales (del XI al XIII) y en los casos en los que hay nobles (otro día hablaremos sobre lo peligrosa que es también esa palabra, “noble”) que por una razón u otra se enfrentan con un poder central o que aspira a serlo. Vale, por ejemplo, para los condados catalanes de aquel período. Los condes de Barcelona se presentan como los defensores de la paz, como herederos de un antiguo poder público garante de estabilidad. Pero incluso cuando avanzado el siglo XII la dinastía barcelonesa se hace un sitio en el trono de Aragón, la suya es solo una opción hegemónica en un territorio todavía en construcción como es el catalán. Hasta su extinción en la década de 1110, las familias condales de Cerdanya y de Besalú, cuyos dominios irían a parar a manos de sus homólogos barceloneses, actuaban con más o menos independencia, como lo habían hecho en el pasado. Aunque quizá el ejemplo más claro sea el de los condes de Empúries y Peralada, quienes llegarían a declararse fieles a la dinastía de Barcelona sin por ello reconocerse sometidos a la misma (1). Continue reading

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Ese loco combate medieval

Existe un consenso generalizado sobre cómo debe ser el combate con armas en la Edad Media. Quien más, quien menos tiene una opinión formada sobre la manera (las distintas maneras, de hecho) en que se combatía a lo largo y ancho del Medievo, ya fuera a pie o a caballo, a distancia o en combate cerrado, con hachas, alabardas, mayales o espadas. Pero lo cierto es que, aunque nos duela admitirlo (porque es una certeza que tenemos muy arraigada), el ciudadano medio sabe más bien poco sobre las formas de combatir en la Edad Media. ¿Por qué es esto así?

 

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Un señor haciendo de guerrero medieval (Braveheart, 1995)

 

Hasta no hace mucho, nuestra relación con las formas del combate medieval con armas – fuera de los círculos eruditos – se ha movido casi en exclusiva a través de los cánones que han marcado la literatura y el cine de acción y aventuras. Ya desde la publicación del Ivanhoe de Walter Scott (1819) las figuras del guerrero y del combate con armas se convirtieron en una de las señas de identidad de cualquier revival medievalizante. Ahora que hace apenas unas semanas que ha muerto Víctor Mora, cuesta no señalar el impacto que El Capitán Trueno y sus adláteres tuvieron en la imaginación de generaciones enteras de españoles. El intercambio de fieros espadazos entre bravos caballeros, las melés caóticas o el noble arte de la justa quedaron grabados a fuego en el imaginario colectivo de generaciones de lectores primero, de miríadas de espectadores después. Las superproducciones de Hollywood acabaron por fijar, esta vez en movimiento, la manera correcta de combatir cuerpo a cuerpo en la Edad Media, a caballo entre la bravura personal y el elogio fálico a quien blandía la espada más grande. Continue reading

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Talbot Mundy: Aventura, Misticismo y Fantasía Oriental

Contra todo temor; contra el peso de aquello
que, a falta de nombre peor, los hombres mal llaman ley;
Contra la tiranía del Credo, contra el ardiente
e inmundo credo del párroco, y las fauces de la Superstición.
Contra todos los grilletes creados por el hombre;
y el Infierno creado por el hombre…
Sólo, al fin, sin ayuda, ¡YO ME REBELO!

Talbot Mundy, 1914

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Hoy en día, desde nuestro punto de vista “milenial”, es fácil echar la vista atrás y ver en el tumultuoso nacimiento del siglo XX una época marcada por la aventura. El cine y la literatura pulp nos han legado una imagen arquetípica del período y de los conflictos armados que culminaron en el estallido de la Primera Guerra Mundial. El mundo era aún susceptible a ser explorado, y un hombre decidido podía hacerse a sí mismo si no temía desafiar el orden establecido. Ése es el perfil de muchos de los héroes sobre los que podemos leer en la literatura popular del momento, pero raro es el caso en el que este perfil se aplica también a su autor. William Lancaster Gribbon (1879-1940), más conocido por su seudónimo literario Talbot Mundy, pertenece a ese grupo. Entre todos los escritores que publicaron su obra en las revistas pulp, Mundy es, sin duda, uno de los autores cuya propia vida supera a la ficción. Continue reading

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El “mos teutonicus”, una costumbre de las que ya no quedan

Los tiempos cambian que da gusto y lo que ayer era aceptable hoy nos parece una barbaridad. Pasa continuamente en todos los ámbitos y seguro que se te vienen a la cabeza no uno ni dos ejemplos para esta máxima.  Hoy vamos a hablar de uno de esos casos: el mos teutonicus, una práctica funeraria que tuvo su pequeño momento de gloria en la época de las Cruzadas.

¿Qué es el mos teutonicus? Pues ni más ni menos que una de las soluciones a las que se llegó para afrontar uno de los grandes problemas de las Cruzadas. Éstas no dejaban de ser expediciones militares a miles de kilómetros de casa, con todos los obstáculos e inconvenientes que esto generaba. ¿Qué hacer cuando uno se moría lejos del terruño familiar? El problema era importante, especialmente en un momento en que la nobleza europea veía en la conservación de su recuerdo tras la muerte (y por tanto de su cuerpo) uno de los elementos fundamentales de su identidad. Linaje, recuerdos familiares y representaciones funerarias formaban una combinación de factores que chocaba con el hecho de morir lejos de casa. ¿Qué hacer? Los cruzados alemanes lo tenían muy claro y de ahí nace lo que ya en la época se conocía como el mos teutonicus, es decir, lo que acostumbraban a hacer los cruzados alemanes con sus cadáveres. Continue reading

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La historia de un beso románico

La historia del arte nos ha dejado besos memorables desde Klimt hasta los amantes de Magritte pasando por la fotografía capturada por Victor Jorgensen en Times Square; pero nuestra entrada de hoy la dedicamos a un beso más antiguo que genera tantas dudas como admiración.

El beso de Klimt

El beso de Klimt

Los amantes de Magritte

Los amantes de Magritte

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La tinta, heroína y villana

Si durante siglos la cultura ha sido en buena parte escritura, también podemos afirmar sin ruborizarnos que la escritura ha sido durante siglos, en buena parte, un asunto de tintas. Y justo de eso me apetece escribiros hoy, de la tinta. De ese elemento desapercibido sin el cual no hubieran sido posibles las reflexiones de Séneca, los ricos códices medievales, la multitud de documentos notariales que pueblan nuestros archivos, la casi mágica explosión de la imprenta o los retratos a tinta de Rembrandt ¡Ahí es nada!

De tintas ha habido muchas variantes a lo largo de la historia, según el momento y los materiales que se tuvieran a mano. ¡Qué fácil nos parece ahora la estandarización de ingredientes y materiales y qué complicado era el tema antes de la globalización extrema de los últimos tiempos! Continue reading

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Ludificación en las Aulas: La Enseñanza a Través del Juego

“Hace tiempo que ha ido cuajando en mí la convicción de que la cultura humana brota del juego –como juego– y en él se desarrolla.”

Johan Huizinga, Homo Ludens

Un grupo de alumnos de secundaria se convierten en agentes del Ministerio del Tiempo. Su asignatura de Ciencias Sociales acaba de transformarse en una aventura que les permitirá ascender hasta los rangos más altos del Ministerio si se esfuerzan por cumplir las misiones, desentrañar los misterios y superar las pruebas que les esperan en su nuevo papel. Al final del trimestre habrán escrito informes, superado exámenes y cooperado para aprender lo suficiente de cada época y alcanzar sus metas. Habrán recibido todos los conocimientos que dicta el temario, y habrán sido evaluados como cualquier otro alumno. Los objetivos del profesor no habrán cambiado respecto a los de sus colegas más tradicionales, pero para los alumnos, el camino hasta esos objetivos habrá sido experimentado no como un estudio arduo y aburrido, sino como un auténtico juego de rol. Continue reading

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Para una historia del rumor: Los rumores a lo largo del reinado de Juan I de Aragón

A veces la Historia transita por caminos difíciles de rastrear y se mueve por lugares donde los mecanismos clásicos de análisis se muestran insuficientes. La Historia seriada, lineal, centrada en el devenir de los acontecimientos se nos presenta, muchas veces, como incapaz de ir más allá cuando ampliamos el foco de interés a ámbitos menos evidentes y el asunto requiere ensanchar los horizontes metodológicos. Pasó con el auge de los estudios sobre el imaginario, la cultura inmaterial, la gestualidad, el ritmo o el silencio. Campos donde el historiador tiene mucho que decir, si es capaza de encontrar la forma adecuada.

El estudio de los rumores a lo largo de la Historia entra de lleno en este ámbito. Como tales, los rumores son una experiencia comunicativa viva, rabiosamente enmarcada en el contexto histórico en el que surgen. Son, también y por encima de todo, acontecimientos, selectivos y efímeros, que nos hablan de las relaciones básicas entre un suceso y el sistema simbólico en el que se inserta. Pero, ¿cómo conceptualizamos los rumores? No son necesariamente ni verdaderos ni falsos, ni tenemos que caer en la tentación de asimilarlos al chisme puro y duro, donde la identidad del chismoso tiene un papel central. En los rumores, en cambio, las motivaciones personales de aquellos que intervienen en su difusión tienen un papel, hasta cierto punto, secundario. El rumor no tiene un sujeto individual; se transmite a través de la impersonalidad: “Se dice… se cuenta… me han dicho…” Es, por tanto, una forma de expresión del habla colectiva, que toma forma propia una vez que el rumor se pone en circulación. Cobra vida. Continue reading

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Santiago cerró España

Fuente: elpais.com

Fuente: elpais.com

 

El capítulo 2×01 de El Ministerio del Tiempo recuperó al Cid. Y a los espectadores tal vez se les escaparon ciertos detalles que hacían más relevante la nueva misión del Ministerio menos criticado del Gobierno: que desde la película de animación El Cid. La leyenda (2003), el héroe burgalés no había sido protagonista de ninguna ficción audiovisual española; que este regreso se realizaba bajo el amparo de la televisión pública; y que, y este es el punto principal, don Rodrigo Díaz de Vivar volvía a la memoria popular colectiva despojado de todos sus caracteres más polémicos. Este Cid no fue despreciado por misógino, racista, antisemita, intolerante religioso: ejemplo controvertido, en suma, de valores rancios y arcaicos (“medievales”, a fin de cuentas). Continue reading

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