La historia de un beso románico

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Cristina Párbole Martín

Burgos, 1988. Historiadora, aprendiz de profesora y guía turística a tiempo parcial. En un momento de locura creé "La Huella Románica" con el objetivo de difundir el románico palentino, el cual estudio.

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La historia del arte nos ha dejado besos memorables desde Klimt hasta los amantes de Magritte pasando por la fotografía capturada por Victor Jorgensen en Times Square; pero nuestra entrada de hoy la dedicamos a un beso más antiguo que genera tantas dudas como admiración.

El beso de Klimt

El beso de Klimt

Los amantes de Magritte

Los amantes de Magritte

Fotografía Víctor Jorgenesen

Fotografía Víctor Jorgenesen

 

Nos situamos en el valle de Liébana concretamente en la iglesia de Santa María de Piasca. Dicho templo es el único resto existente de un antiguo monasterio cuyos orígenes se sitúan en el siglo IX en pleno proceso de repoblación. En el siglo XI Piasca se convirtió en uno de los centros monásticos más importantes del valle, con un carácter dúplice que se mantuvo durante un largo periodo de tiempo a pesar de la orden de separación que llego mediante una bula papal.

Nuestros protagonistas se encuentran en dicha templo, concretamente en la portada que comunicaba la iglesia con el desaparecido claustro y que recibe el nombre de “El Cuerno”. En la arquivolta de la portada figuran dos personajes uno barbado y otro imberbe que aproximan sus labios, no se besan pero la mano que toma la cara hace presagiar un final anunciado.

Arquivolta portada de El Cuerno

Arquivolta portada de El Cuerno

El beso de

El beso de Piasca

 

Se trata de un simple acto que ha generado multitud de teorías y como ocurre en este fantástico mundo de la iconografía románica hay interpretaciones para todos los gustos:

– Para algunos este acto consiste en la entrega de un novicio a la comunidad que quedaría sellado con el beso del abad. No sería una teoría descabellada al tratarse de un monasterio y su posición en la puerta de acceso al claustro, pero en las dos figuras no parece reconocerse clérigo ninguno.

– Ruth Bartal reconoció en estas dos figuras a un hombre y una mujer, y puntualizó más al observar en ellos a Alfonso VIII y su esposa Leonor. Para Bartal estaríamos ante el encuentro y compromiso de la pareja regia que justifica “con la coincidencia de fechas (boda y construcción del templo), por la participación del abad de Sahagún en las negociaciones previas al enlace y en la consagración de Piasca y en la donación que recibieron de los monarcas. En cuanto a los argumentos artísticos, estos son la propia elección del momento del compromiso con la fórmula del beso” [1]. La presencia de un herrero en la misma arquivolta la fundamenta con la idea de que este trabaja una rueda símbolo del largo recorrido que tuvo la reina hasta encontrarse con su esposo. La ausencia de símbolos regios unida a la existencia de una lámina en vez de una rueda sobre el yunque del herrero y otras apreciaciones fueron los argumentos que algunos estudiosos utilizaron para desmontar esta teoría.

– Por su parte, García Guinea vio una muestra del amor lujurioso al reconocer a dos jóvenes amantes acompañados por una alcahueta, figura situada a la izquierda del personaje supuestamente femenino.
– Para Agustín Gómez estamos ante la representación de otra boda, la de Tobías. La presencia en la Biblia de Ripoll de una escena en la que aparece Tobías y Sara en el momento del beso ha llevado a Gómez a entender su exposición en la arquivolta de Piasca, incluso otorga un papel al resto de figuras en la historia “la representación de la sastrería puede aludir indirectamente al trabajo de confección de telas que la mujer del padre de Tobías tuvo que realizar cuando quedó ciego el motivo del ángel y el escriba, se ajusta al momento en el que el ángel Rafael les descubre quien era realmente […] los monjes que portan rollos puede referirse al relato escrito […] [2]. Para Gómez Gómez la mujer que acompaña la escena del beso sería la madre de Sara, contradiciendo así la idea de Guinea de la celestina que anima a la mujer a besar al hombre.

– Hay quien ha visto en esta escena el beso de Judas, por el cual el discípulo delató a Jesús. Un beso de traición que recogen los evangelios “mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: «Al que yo besare, ese es: prendedle». Y enseguida se acercó a Jesús y dijo «¡Salve, maestro!». Y le besó.” [3]. Sin embargo, parece que esta interpretación no cuadra con el resto de las figuras que lo acompañan.

Herreros

Herreros

escriba y angel

Escriba y Ángel

celestina

Personaje femenino al lado de el beso

musicos

Músicos

Monjes

Monjes

 

Un herrero, un sastre, músicos, monjes y un beso; sin lugar a dudas, dar sentido a todas estas escenas se ha convertido en un reto para todo amante del románico. No debemos restar importancia a la presencia del beso, pues ha quedado claro el valor de este a lo largo de la historia. Su presencia en la antigüedad como señalaba Séneca en su obra “Ex libro de matrimonio”, su valor jurídico en las relaciones entre señor y vasallo, y el compromiso final de un matrimonio. La dificultad está en discernir que beso quisieron plasmar en Piasca y el mensaje que ofrecía a los habitantes del antiguo monasterio.

Y en esta tarde de calor no puedo evitar imaginarme al encargado de tallar las figuras o incluso a sus protagonistas riendo de nuestra inventiva, sonriendo sarcásticamente mientras nosotros nos devanamos los sesos sin pensar que a veces lo más sencillo es lo acertado.

 


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[1]Bartal, Ruth, “La representación de un compromiso nupcial regio en una fachada románica hispana”. Pág. 291.
[2]Gómez Gómez, Agustín “Glosas sobre la iconografía de la portada meridional de Piasca (Cantabria)”. Pág 147 y 148.
[3]Evangelio de San Mateo 26, 47-49.

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Cristina Párbole Martín

Burgos, 1988. Historiadora, aprendiz de profesora y guía turística a tiempo parcial. En un momento de locura creé "La Huella Románica" con el objetivo de difundir el románico palentino, el cual estudio.
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