Talbot Mundy: Aventura, Misticismo y Fantasía Oriental

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Jordi Morera

Granollers, 1974. Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster en Estudios Ingleses Avanzados por la misma universidad. Mis estudios actualmente se centran en la épica renacentista y mis intereses giran alrededor del maridaje entre la novela histórica, la mitología y el género fantástico.

Contra todo temor; contra el peso de aquello
que, a falta de nombre peor, los hombres mal llaman ley;
Contra la tiranía del Credo, contra el ardiente
e inmundo credo del párroco, y las fauces de la Superstición.
Contra todos los grilletes creados por el hombre;
y el Infierno creado por el hombre…
Sólo, al fin, sin ayuda, ¡YO ME REBELO!

Talbot Mundy, 1914

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Hoy en día, desde nuestro punto de vista “milenial”, es fácil echar la vista atrás y ver en el tumultuoso nacimiento del siglo XX una época marcada por la aventura. El cine y la literatura pulp nos han legado una imagen arquetípica del período y de los conflictos armados que culminaron en el estallido de la Primera Guerra Mundial. El mundo era aún susceptible a ser explorado, y un hombre decidido podía hacerse a sí mismo si no temía desafiar el orden establecido. Ése es el perfil de muchos de los héroes sobre los que podemos leer en la literatura popular del momento, pero raro es el caso en el que este perfil se aplica también a su autor. William Lancaster Gribbon (1879-1940), más conocido por su seudónimo literario Talbot Mundy, pertenece a ese grupo. Entre todos los escritores que publicaron su obra en las revistas pulp, Mundy es, sin duda, uno de los autores cuya propia vida supera a la ficción.

Contado entre los pioneros del género de la aventura fantástica, Mundy nunca llegó a ser tan reputado y célebre como sus contemporáneos H. Rider Haggard o Rudyard Kipling (a quien conoció personalmente), autores de mayor prestigio literario que también hicieron de la descripción de tierras exóticas su sello personal, pero supo encontrar su público cuando sus constantes viajes le llevaron por fin a tierras americanas. Sus vagabundeos, tanto físicos como filosóficos, tuvieron su plasmación en las páginas de sus relatos, que sirvieron como medio de expresión de sus más radicales ideas religiosas y metafísicas.

Nacido en el seno de una familia de clase media londinense, el joven Mundy (nacido Gribbon) nunca pareció encajar del todo en la convencional y almidonada sociedad victoriana, y escapó de ella durante su adolescencia, fugándose a Alemania con lo puesto para acabar uniéndose a un circo ambulante. Así empezaba una vida de viajes y aventuras que ocuparía buena parte de su juventud. No mucho después, el camino le llevó hasta India, donde sería testigo presencial de los fracasos del colonialismo. Tras combatir el hambre, el cólera y la malaria, y viviendo a caballo entre la India y Gran Bretaña, Mundy regresó al subcontinente como corresponsal de un diario londinense, probablemente el Daily Mail. Su misión era informar de un alzamiento, posiblemente el de los Mahsudi, la tribu dominante en la zona cercana al Paso de Khyber. Las experiencias y peligros que vivió allí le servirían de material de primera para sus futuras producciones literarias. Allí también entró en contacto por primera vez con el misticismo oriental.

Sus viajes por el oriente continuaron, quedando documentados esencialmente a través de su propia y vaga autobiografía. Aparentemente, le llevaron a recorrer los confines orientales del Imperio Británico, desde las laderas del Himalaya hasta Afganistan, Kashmir y Assam. Cuando su presencia empezó a ser vista como una molestia por las autoridades británicas, Mundy abandonó la India “para darles tiempo a que se olvidaran de mí”, y viajó hasta China y Malasia. Los principales estudiosos de su obra aún debaten sobre la veracidad de todos estos viajes, pero ciertamente la verosimilitud y el grado de detalle plasmado en su obra hacen pensar que realmente poseía un cierto grado de experiencia personal con los lugares retratados. Cuando la Guerra de los Boer estalló en 1899, Mundy se alisó voluntariamente en un regimiento de caballería. Sus comentarios posteriores sobre sus vivencias en la guerra siempre evitaron el engrandecimiento propio, presentándose a sí mismo de manera antiheroica y describiendo la guerra como una sucesión de miserias. Fue herido en servicio, y regresó licenciado a Inglaterra a tiempo para celebrar su vigésimo-primer cumpleaños.

Durante una nueva y breve estancia en la India conoció a Kathleen Steele, la hija de un banquero londinense, y a su regreso a Inglaterra ambos contrajeron matrimonio, y se instalaron en Ciudad del Cabo. Sin embargo, una serie de malas inversiones y decisiones empresariales dejaron a Gribbon en serios apuros económicos, y el padre de su esposa la hizo volver a Inglaterra. Aquello dio inició a una segunda etapa de vagabundeos para Mundy, durante la que supuestamente viajó a pie y en barcos de vapor, viajando hasta Australia y posiblemente regresando a la India, antes de volver a África en 1904 bajo la identidad de Thomas Hartley, convirtiéndose (entre otras cosas) en un cazador furtivo de marfil, lo que le ocasionó numerosos problemas con las autoridades. Durante su periplo africano, Mundy conoció la señorita Inez Craven, una mujer de cierta notoriedad, y tuvo un sonado affaire adúltero con ella. Aquello acabó con el arresto de ambos durante 6 meses por vagancia y su deportación posterior a Bombay.

Ya bajo el seudónimo de Talbot Mundy, el británico se divorció de su esposa y se casó en segundas nupcias con Inez, tras lo cual ambos emigraron a los Estados Unidos de América en 1909. Tras unos azarosos y durísimos principios (estuvo a punto de morir de una paliza propinada por unos cacos en Nueva York), y con su etapa de trotamundos aparentemente superada, Mundy empezó a labrarse una carrera como escritor. Sus primeras historias de éxito fueron publicadas en diversas revistas de la época, y a no mucho tardar forjó una asociación duradera con una nueva revista pulp, Adventure, donde vería la luz la mayor parte de su obra. Los relatos de su primera época fueron aventuras puras y duras, muchas de ellas ambientadas en el extremo oriente, empezando con “A Transaction in Diamonds” (1911), un relato africano, “The Blooding of the Queen’s Own” (1911), centrada en la Guerra de Crimea, o “The Soul of a Regiment” (1912), un relato de corte militar,  que fue loado tanto por la crítica como por el público y que se convirtió en una de sus historias más populares y reeditadas.

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“The Soul of a Regiment”, Adventure Magazine (Feb., 1912)

Tras un nuevo divorcio y un tercer matrimonio, Mundy entró en contacto con la Ciencia Cristiana, uno de tantas nuevas corrientes religiosas. En particular, la Ciencia Cristiana se basa en un idealismo filosófico radical, según el cual la realidad es puramente espiritual y el mundo material es mera ilusión. Ese escarceo no estaba destinado a durar, sin embargo, pues el interés de Mundy por el misticismo a no mucho tardar le acabaría llevando a abrazar el movimiento teosófico propuesto por Madame Blavatsky. Sin embargo, su relación con la Ciencia Cristiana resultó en uno de sus períodos más fructíferos y productivos. Durante la Gran Guerra, Mundy (bajo el seudónimo de Walter Galt) escribió numerosos relatos de aventuras. A diferencia de muchos autores de su época, y probablemente debido a su experiencia directa sobre el terreno, Mundy se mostraba ambivalente hacia el colonialismo británico en oriente: abiertamente escéptico (cuando no directamente crítico) con algunos de sus aspectos pero simultáneamente admirando o respetando otros. Su obra refleja la existencia de dos tipos muy diferenciados de colonos: los recién llegados de Inglaterra, de actitud rígida, prepotente e irrespetuosa con los nativos, y los veteranos de las colonias, que han llegado a entender y respetar las culturas locales y saben que se consiguen mejores resultados guiando que imponiendo.

En 1914 escribió “A Soldier and a Gentleman”, donde introducía a una de sus protagonistas femeninas más destacables y recurrentes, la Princesa Yasmini, y poco después terminó su primera novela, “Rung Ho!”, que apareció serializada como “For the Peace of India”, título preferido por el propio Mundy. En esa misma época, además de numerosos relatos que le consagraron como autor reputado dentro del género aventurero, firmó también una serie de novelas cortas protagonizadas por Dick Anthony, vibrantes historias de acción en las que un aguerrido oficial escocés se enfrentaba a rusos y otros malvados en las tierras de Persia. Entre los lectores de las aventuras de Dick Anthony se encontraba un joven tejano llamado Robert Ervin Howard. Relatos como “The Sword of Iskander” fueron una influencia directa sobre la obra del futuro autor de las andanzas del bárbaro más famoso de la literatura popular, Conan de Cimmeria.

Con su segunda novela larga, “The Winds of the World” (1915), estrenaba una de las dos series de novelas que escribiría a lo largo de su carrera, ésta centrada en las aventuras de Athelstan King, un agente secreto internacional, y varios de sus compañeros, entre los que se encuentra Jimgrim, que irá cobrando protagonismo al avanzar la serie. La obra más famosa y leída de Mundy, y por la que es más recordado, es la segunda novela de dicha serie,“The King of the Khyber Rifles” (1916), cuyo argumento gira alrededor de una conspiración para derrocar el gobierno británico en la India. En ella reaparece la misteriosa princesa Yasmini, y marcaría la primera incursión de Mundy en lo fantástico, si bien su uso de elementos sobrenaturales fuera meramente insinuado y sugerido más que usado abiertamente. Ese toque de fantasía seguiría aderezando las novelas de Jimgrim, así como su segunda serie de novelas.

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“The Winds of the World”, Adventure Magazine (Jul., 1915)

Paulatinamente, sus obras irían incluyendo una mayor carga teosófica y filosófica, reflejando el creciente interés de Mundy por la metafísica y el misticismo. La primera de las novelas que empleó abiertamente elementos fantásticos fue “Caves of Terror” (1924), donde se presentaba a los Nueve Desconocidos, una cábala secreta de nueve místicos unidos para la consecución de sus misteriosas ambiciones. En “The Nine Unknown” (1924) continúa la historia de estos místicos, y en ella se revela que James Grim, alias Jimgrim, es un agente de los Nueve Desconocidos en su batalla contra los seguidores de la diosa Kali, en un duelo que enfrenta las fuerzas del bien y del mal. En “The Devil’s Warden” (1926), la batalla metafísica se traslada al Tibet, donde la presencia de fuerzas sobrenaturales se hace más manifiesta, y la serie concluye con “Jimgrim” (1930), donde el protagonista viaja hasta Egipto para enfrentarse a una nueva sociedad secreta y derrotar al enemigo definitivo de la civilización humana. En cierto sentido, la saga de Jimgrim prefigura obras de la nueva literatura popular como los libros de Dan Brown o Brian Ludlum.

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“The Nine Unknown”, 1923

La segunda serie de novelas firmadas por Mundy consiste en la trilogía de Tros de Samotracia, y bebe de fuentes históricas y mitológicas. Formada por “Tros of Samothrace” (1925), “Queen Cleopatra” (1929) y “The Purple Pirate” (1935), nos presenta las aventuras de Tros, el hijo de Perseo, embarcado en un épico viaje alrededor del mundo conocido. Sus anacrónicas aventuras, que tienen a César como villano principal, le llevan a enfrentarse a romanos y vikingos e incluso a tener una breve relación amorosa con la reina Cleopatra de Egipto. Estas novelas incluyen ciertos elementos de magia griega y druidica, aunque no forman una parte importante del argumento y no las convierten en novelas fantásticas de por sí. Mundy tenía previstas más novelas de esta serie, aunque murió sin llegar a escribirlas, y la trilogía de Tros se convirtió, por su tono y ambientación, en una fuente más de inspiración para autores posteriores como Fritz Leiber o Gene Wolfe.

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“Tros of Samothrace”, 1925 

Mundy también es recordado por su contribución al género de los mundos perdidos, con la que sin duda es su mejor novela independiente, “The Secret of Ahbor Valley” (1924), y publicó otras novelas de corte fantástico como “Full Moon” (1935) y su favorita personal, “Old Ugly Face” (1939), una historia de suspense sobre fenómenos psíquicos ambientada en el Tibet. Varios de sus relatos fueron adaptados como seriales radiofónicos o televisados como “Jungle Mystery” (1932), un serial en 12 partes basado en la novela “The Ivory Trail”, y el mismo Mundy trabajó en sus últimos años, después de la Gran Depresión, escribiendo guiones para el programa radiofónico “Jack Armstrong, the All-American Boy”.

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Cartel de la adaptación cinematográfica de “King of the Khyber Rifles”, traducida al español como “Llamas en la India”.

Talbot Mundy murió el 5 de agosto de 1940, a la edad de 61 años, debido a complicaciones provocadas por su diabetes. Su obra, nunca tan conocida como la de otros reyes del pulp, ha experimentado altos y bajos en el interés que ha generado a lo largo del tiempo. Sus novelas de corte místico siguieron siendo populares entre los círculos teosóficos, y sus relatos de aventuras siguieron proporcionando material de primera para Hollywood. “King of the Khyber Rifles” fue adaptada al cine en 1953 por la Twentieth Century Fox, y los aficionados a la fantasía y la novela histórica convirtieron la saga de Tros de Samotracia en una obra de culto dentro del género. La obra de Mundy fue extremadamente influyente para nombres tan conocidos como Robert E. Howard, Robert Heinlein, Fritz Leiber, Marion Zimmer Bradley o E. Hoffman Price. A pesar de ello, muchos de los datos sobre la primera mitad de su vida, que habían sido deliberadamente ofuscados por él mismo, sólo salieron a la luz a raíz de la biografía que escribió Peter Berresford Ellis in 1984, “The Last Adventurer”, libro que dio a conocer a este pionero en gran medida olvidado a nuevas generaciones de lectores como el que suscribe este artículo. Más recientemente, Mundy ha sido objeto de una nueva biografía, “Talbot Mundy, Philosopher of Adventure”, escrita por Brian Taves y centrada en el efecto que los viajes de Mundy por el oriente y su vision filosófica tuvieron sobre su obra.

Nos encontramos, pues, ante un escritor con una vida tan ajetreada y azarosa como la de cualquiera de sus personajes, y que vivió plenamente acorde con sus creencias filosóficas, políticas y morales. Conoció tierras exóticas, conoció el fracaso y el éxito, rompió todas las convenciones sociales, se casó cinco veces a lo largo de su vida, adoptó sistemas de creencias no convencionales, defendió la igualdad entre hombres y mujeres, y se convirtió en uno de los pocos autores de su época sobre el que es difícil hacer caer acusaciones de racismo o racialismo hacia etnias y culturas distintas a la suya propia. A día de hoy, su nombre sigue asociado a la aventura oriental, que no orientalista. Talbot Mundy fue, efectivamente, el último aventurero de verdad, y su legado, vertido en tinta sobre papel barato, le convierte en un autor de lectura obligada para todo el que guste de conocer la historia de la literatura de género fantástico a lo largo del siglo XX.

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Jordi Morera

Granollers, 1974. Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster en Estudios Ingleses Avanzados por la misma universidad. Mis estudios actualmente se centran en la épica renacentista y mis intereses giran alrededor del maridaje entre la novela histórica, la mitología y el género fantástico.
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